viernes, 8 de febrero de 2013

Día 57 - El Día de los Inocentes (8/2)

En la audiencia de hoy, la última del juicio antes que comiencen los alegatos, pidieron ampliar su indagatoria el comisario mayor Hugo Lompizano y el barra brava reclutado por la patota Cristian Daniel "Harry" Favale. Desde los dos extremos del armado del plan criminal (el policía de mayor jerarquía entre los procesados, y el hombre que disparó sobre Mariano), escuchamos la misma historia, plagada de ojos lacrimosos y voces entrecortadas: Yo no fui. Pero ni el esfuerzo discursivo e histriónico de ambos, ni el remanido recurso de echarle la culpa a los demás, logró desvirtuar la certeza de su culpabilidad, que se extiende al resto de los procesados y a los que todavía falta juzgar.

El comisario mayor Hugo Lompizano comenzó su larga exposición expresando su agradecimiento al tribunal, y explicando que hace mucho que quería declarar. Resaltó que el 4 de marzo cumple 39 años en la policía federal, y después hizo una especie de manifiesto de fe republicana, constitucional y democrática, con frases como "Jamás imaginé que iba a terminar mi carrera imputado en una causa tan dolorosa como esta. Intervine en muchas manifestaciones y nunca estuve involucrado en muertes ni heridas. Lo primero que aprende un policía son las obligaciones que tiene que cumplir, y las leyes que debe respetar. La primera obligación que nos impone nuestra ley orgánica es preservar el orden público y la vida de las personas a riesgo de la propia vida".

Luego hizo un resumen de sus distintos destinos en la fuerza, como comisario de la 2ª y la 3ª; ya comisario inspector, como jefe de la circunscripción 1ª y 2ª, y finalmente, con el grado de comisario mayor, en la Dirección General de Operaciones, cargo que ocupaba el 20 de octubre de 2010. Se refirió con gran respeto al presidente Néstor Kirchner, quien, según aseguró, "Dio en 2003 una directiva tajante sobre cómo debíamos actuar, sobre todo en manifestaciones. Aprendimos a hablar con la gente, a consensuar, a tener otra actitud, a persuadir y a no utilizar la fuerza salvo que fuera necesario". Evidentemente "resultó necesario" a menudo, pues no nos alcanzaría el ciberespacio para enumerar cada ocasión, en los pasados 10 años, en que las fuerzas de seguridad, y en particular la federal, reprimieron trabajadores, estudiantes, desocupados, ambientalistas, etc.

Recordemos, sólo como ejemplos, que mientras Lompizano era jefe de la comisaría 2ª, podemos recordar, como ejemplos, la represión del 16 de julio de 2004 frente a la Legislatura porteña, con más de dos docenas de detenidos entre los manifestantes contra el código contravencional de la ciudad, de los cuales 17 permanecieron detenidos casi dos años, o la del 30 de agosto del mismo año, en el escrache a Ratto, del FMI, que estaba en el ministerio de Economía, con 108 detenidos, y una causa que todavía da vueltas por el edificio de Comodoro Py. Desde la comisaría 3ª, en octubre de 2008, reprimió una manifestación frente a los tribunales de Talcahuano en solidaridad con los campesinos paraguayos presos, que produjo 17 compañeros detenidos, y, desde la Dirección General de Operaciones, co-dirigió la represión en el Parque Indoamericano de diciembre de 2010, con 3 muertos, lo que le valió que el fiscal Sandro Abraldes pidiera su indagatoria por homicidio calificado reiterado.

El comisario mayor relató que ya el 19 de octubre a la noche recibió la orden de organizar el servicio policial del día siguiente en Avellaneda, debido a la movilización de los tercerizados, y, a partir de ahí, se dedicó a intentar una hipótesis exculpatoria usando táctica más frecuente en el caso de policías imputados por este tipo de hechos: nunca es culpa de ellos, sino de los de arriba, o los de abajo. O actuaron cumpliendo órdenes de los superiores, o confiaron en la delegación de tareas a sus subordinados. Nunca tiene la culpa el que está declarando.

Con el listado de llamadas entrantes y salientes a su teléfono celular policial de entonces ("POC"), trató de mostrar que "no podía estar en todo", incluso con un sesgo de ironía: "Me llamaba todo el mundo, todos querían hablar conmigo, pero al día siguiente de irme de la policía, nada, ni una llamada, creí que el teléfono estaba roto...".

Recurrió también al "... no sabía...", como si en lugar de estar a cargo de la DGO y de su sala de situación en el departamento central de policía, con las imágenes en vivo de lo que sucedía y las llamadas y comunicaciones de los policías en el lugar (los comisarios Ferreyra y Mansilla de la línea Roca, el subcomisario Garay de la 30ª, el jefe de la fuerza especial desplegada por la DGO), hubiera estado dentro de un frasco de mayonesa, ignorante de todo lo que iba pasando. Y se atalonó en la versión de que el ataque "fue sorpresivo, no había hipótesis de conflicto", aprovechando para perfeccionar la táctica de descargar para arriba, abajo y al costado, sobre los comisarios Mansilla y Ferreyra, sobre el subcomisario Garay y sobre sus subordinados, el subcomisario Echavarría y el oficial Conti. Todos, en definitiva, tan parte del plan común como él mismo.

Sobre el final, aseguró que sólo 14:26, es decir, incluso después de que Callao y Corrientes estuviera cortada por la primera movilización de repudio, supo que había un muerto. Y luego vino el histrionismo, como en otras indagatorias, con lágrimas de cocodrilo: "Nunca pensé que iba a ocurrir algo tan lamentable. Lo estoy diciendo con el corazón. Le puedo garantizar que ninguno de los policías que está acá hubiese querido la muerte de alguien. Esta situación nos provocó un estupor terrible. Fue una catástrofe, una situación que nos desbordó a todos. Seguramente que hay un responsable, pero ése no soy yo", lloriqueó jugando al inocente, y sin aceptar preguntas ni de los jueces ni de las partes.

Luego, la defensora oficial de Favale anunció que su asistido iba a ampliar su declaración. Con mirada desafiante, el barra brava comenzó aclarando que estaba muy cansado por el viaje desde el penal, y dijo que, después de haber escuchado todo el juicio, quería "hacer una manifestación por cosas que me enteré acá.

Y arrancó: "Quiero dejar en claro y volver a decir que yo no cometí el hecho que me atribuyen. Es cierto que estuve en el lugar y que llevé un grupo de pibes, y que insultamos, saltamos y tiramos piedras, pero no llevé armas ni disparé". Admitió, también, que estuvo en otros actos de la Unión Ferroviaria con anterioridad, "para demostrar el interés por el trabajo que quería conseguir, me puse la gorra y la pechera, fui a River, fui a Constitución, para apoyar a los ferroviarios y hacer presencia".

Luego, como enviando un mensaje que evidentemente no era para las querellas, con la vista perdida en el fondo de la sala dijo: "Escuché decir de imputados ferroviarios que ellos no mataban a nadie, una forma de echarme la culpa a mí, que no soy ferroviario. Me enteré en el juicio que el testigo protegido que me acusó era un ferroviario, señores, Benítez. Fue el primero que me acusó el 21 de octubre, falsamente, instaló mi imagen en todos los medios, desvió y corrió la mirada hacia mí, evitó ser investigado él, que corría armado en primera línea" Y redobló el mensaje: "Basta ver en los videos al lado de quién corría...", refiriéndose a varios de los hombres de la Lista Verde procesados, como Sánchez y González, a cuyo lado se ve a Benítez en el video de C5N.

Así, 6 meses y dos días después de su apertura, y tras 57 audiencias, terminó la etapa de recepción de prueba en este juicio. A partir de la próxima jornada, cada parte deberá exponer sus conclusiones, previo analizar la prueba, y acusar o defenderse. El viernes 15, comenzarán los abogados de la mamá de Mariano Ferreyra. Luego, el viernes 19 de febrero, nuestra querella, en representación de Elsa Rodríguez, Nelson Aguirre y los restantes compañeros heridos. Más que nunca, deberá colmarse la sala con compañeros y compañeras que aporten, con su presencia, el grito a voz en cuello: ¡Castigo a los culpables!.