La ejecución del plan criminal, filmada por C5N. Segunda parte.
“Yo vi un ataque y gente que se defendió, porque fueron atacados cobardemente por la espalda”.
La falta de luz en el edificio del viernes pasado hizo que hoy sólo se pudieran concretar dos declaraciones testimoniales, pero valieron la pena.
Por la mañana, compareció Gustavo Javier Farías, el camarógrafo de C5N que, con el asistente Polito y la periodista Carchak, se convirtieron en exclusivos cronistas del ataque. Como su compañero de trabajo el jueves, Farías contó que, pasado el mediodía, recibieron el aviso desde la producción del canal para que fueran a cubrir la situación planteada en las vías del FFCC Roca, ya que un grupo de tercerizados y militantes de otras organizaciones había denunciado que fueron atacados por una patota de la Unión Ferroviaria. Mientras iban hacia Constitución, se comunicaron con quien había llamado al canal, que era Lucas Malaspina, de la TPR, como el compañero lo relató a su turno hace ya varias semanas. Así, cambiaron de rumbo hacia Luján y Santa Elena.
El trabajador de prensa relató que, al llegar, vieron un patrullero cruzado y un carro de asalto o hidrante al pie de las vías, y unas dos cuadras más adelante, a los manifestantes, que estaban organizándose para desconcentrar hacia Vélez Sársfield. “Estacionamos frente al galpón de Chevallier, a media cuadra de donde estaban los tercerizados y el PO. Hicimos una entrevista a una persona que después supe que era un delegado de los tercerizados, y a otras personas que estaban golpeadas, y mostraron en cámara las lesiones por piedrazos”. Terminada la nota, mientras el grupo comenzaba a caminar, él se quedó unos minutos tomando imágenes y apuntó la cámara hacia las vías, donde había un grupo de personas abajo, que empezaron a caminar hacia donde él estaba. “El asistente me dice ‘están viniendo’, esa gente empieza a correr, Gabriela se asustó y se fue a un costado. Cuando estaban a unos 50 metros de distancia me dí vuelta y enfoqué al primer grupo, los tercerizados, que seguían caminando hacia el otro lado y ya estaban como a 200 metros. Los que venían corriendo empiezan a gritar ¿por qué les das cámara a ellos?, nos rodean y nos dicen que no filmemos, y gritaban ‘Vamos, vamos’. Yo bajé la cámara pero la dejé prendida y seguí grabando.” Luego, especificó que eran unos 6 o 7, y el que les gritó primero tenía un cuello ortopédico (González).
“Los que venían adelante no tenían nada en la mano, los de atrás sí, pero no vi qué. Los que corrían iban en busca de los que se retiraban, que estaban en la esquina siguiente o en la otra. El asistente dijo ‘son tiros’, yo no me dí cuenta. Duró unos 5 minutos, hasta que los que corrieron volvieron a las vías. Ahí salimos y empecé a caminar hacia el lugar para registrar imágenes, pero escucho que gritaban que había heridos de bala y me voy para ahí”. Todos vimos las imágenes que grabó entonces, de Mariano agónico en la ambulancia, del charco de sangre donde cayó Elsa, de la pierna atravesada por una bala del tercerizado Pintos.
“Estaba muy nervioso y sentí temor, la situación me sobrepasó”, explicó antes de retirarse.
Después del cuarto intermedio del mediodía, ingresó a la sala Gabriela Judith Carchak, que se definió como víctima del delito de amenazas. Reiteró que fue con sus compañeros de trabajo hacia Luján y Santa Elena después que la producción le avisó que había pasado algo, y le dieron el teléfono de quien había llamado para más precisiones. Una vez en el lugar, los manifestantes, que eran unos 50, con muchas mujeres, jóvenes y de edad, y chicos jovencitos, le contaron que intentaron hacer una protesta sobre la vía pero los habían agredido, por eso se habían retirado.
De un tirón, sin dudar un segundo, la periodista contó lo que pasó entonces:
“Estaban algunos sentados, otros parados, replegando las banderas, y entrevisté a un tercerizado que se llama Diego (Cardias) que explicó lo que reclamaban y lo que había pasado, y a tres heridos, un hombre y dos mujeres. Una, después, supe que era Elsa Rodríguez, tenía un golpe fuerte en el brazo. Después que hacemos la nota, se empiezan a ir por Luján hacia V. Sársfield, había tercerizados con uniforme, otros con gorros del PO, otros de varias organizaciones. Estábamos a unas dos cuadras de las vías. Avise al canal que ya había terminado, me di vuelta y veo que, desde la vía, se juntan unas 200 personas gritando, corriendo, con palos y piedras. Un hombre de civil, joven, de pelo cortito y remera turquesa, estaba parado mirando la escena. Era evidente que era un policía. Cuando vio correr a los que venían de las vías, nos dijo ‘váyanse que los matan a todos’. Después no lo volvió a ver. Me subí a la vereda y me escondí para mirar la escena, mientras los que corrían llegaban, y se desprenden unos 6 o 7 que rodean a mi camarógrafo y mi asistente, y los increpan de manera bastante violenta. Uno de cuello ortopédico gritaba ‘bajá la cámara, no filmes, te vamos a romper todo’. Pensé que ante una mujer se iban a calmar, por eso me acerqué y les ofrecí que dijeran lo que quisieran en cámara, pero esa misma persona (González) me seguí gritando: ‘Vos siempre lo mismo, dándole cámara a estos piqueteros de mierda’. Nos fueron llevando hacia la puerta de Chevallier, la gente de ahí nos deja entrar. Permanentemente nos amenazaban y un par se quedaron como vigilando que no se levante la cámara. Dejaron dos o tres personas para controlar que no grabáramos. Oí gritos, golpes, estruendos por 4 o 5 minutos y de vuelta los veo corren para el lado de donde vinieron. Ahí salimos de atrás de la reja, y se nos acercan llorando y gritando los manifestantes, diciendo ‘hay heridos de bala’. A 40 o 50 metros vemos a Mariano malherido, en una ambulancia. Se acercaron otras dos personas heridas, un joven con una bala en pierna, lo grabamos”.
Con precisión, identificó en fotos y videos al “hombre del cuello ortopédico”, el imputado González, y al otro que la “acompañó” hasta Chevallier, que no la dejaba caminar para otro lado, de ojos claros, con pelo largo y rulos (Pipitó). También recordó la escena de quien, con una camisa clara, frente Chevallier, hace un ademán hacia la cintura como acomodándose algo (Pérez).
Las defensas intentaron relativizar el fuerte testimonio, pero, como viene sucediendo, les salió el tiro por la culata. Gabriela Carchak reafirmó el miedo que ella y su equipo sintieron ante el apriete para que no registraran la escena, y reiteró que tanto González como Pipitó les ordenaron “Bajá la cámara, no grabés que te rompo todo”. El broche patético para las defensas fue el interrogatorio del Dr. Igounet, defensor de Uño, que trató de tergiversar el claro testimonio a partir de que, en el informe que emitió minutos después del hecho C5N con la voz en off, en directo, de la propia Carchak, ésta usó en un momento términos como “batalla campal” y “enfrentamiento”. Tajante, la cronista le retrucó: “Yo vi un ataque y gente que se defendió, porque fueron atacados cobardemente por la espalda”. Para alivio del resto de los defensores, el insistente Igounet se rindió: “No tengo más preguntas, Su Señoría”.
lunes, 12 de noviembre de 2012
domingo, 11 de noviembre de 2012
Día 37 - La patota: los indefendibles (8/11)
"Sánchez, Pipitó, Uño, González, todos juntos al costado del tirador. Cuando se quedaron sin tiros, todos ellos retrocedieron."
Gonzalo Damián Fernández, ex tercerizado despedido de la empresa Confer S.A., prestó uno de los testimonios más precisos y contundentes que se tengan sobre lo ocurrido el 20 de octubre de 2010. No sólo por la coherencia de su relato en cuanto a lo vivido, sino también por la certeza y seguridad que demostró a la hora de reconocer a los agresores.
"Fuimos citados en la Estación Avellaneda por reuniones previas que tuvimos con Cardías, Villalba, el hermano de Pintos y otros compañeros tercerizados despedidos, para cortar las vías por la reincorporación y el pase a planta permanente. Ya lo habíamos hecho en julio de ese mismo año desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche. Ahí conocí a los compañeros. Nos llevaron al Ministerio de Trabajo, nos prometieron pero nunca cumplieron. Por eso unos 20 tercerizados y grupos que nos apoyaban, fuimos el 20 de octubre a Avellaneda".
Contó entonces que, al llegar, en las vías estaba la gente de la UF, por lo que decidieron caminar por la lateral. "Se armó el revuelo cuando nosotros quisimos subir en el Puente Bosch, ellos empezaron a tirarnos de todo. Eran más que nosotros, entre ciento cincuenta y doscientas personas. Yo entré por un alambrado roto, trepé el terraplén junto a Fabián, otro tercerizado despedido de HERSO S.A. y no duramos un minuto arriba de las vías. Lo hice porque vi la ocasión de subir y me mandé, nosotros no tenemos jefes que ordenan."
Desesperando a las defensas, porque su testimonio destila la lógica del agredido, reconoció que llevaba palos y gomeras "porque no sabés con lo que te ibas a encontrar" . Y de banderas, sólo recordó una grande, la que había hecho el propio Mariano tal como se ve en los videos.
Relató entonces que, al recibir la represión policial con balas de goma y gases, dejaron muchos de esos palos en el lugar (seguramente los que después levantó la patota y los esgrimieron contra ellos, según los videos) y se fueron tres cuadras por Luján, hacia Vélez Sarsfield, en dónde hicieron una asamblea y decidieron retirarse. "Llevaríamos una cuadra caminando hacia Vélez Sarsfield y vienen ellos, corriendo con piedras y palos en las manos. Quedamos enfrentados a unos 30 metros. Volaban las piedras de ellos y nuestras, que recogíamos de lo que nos tiraban". Seguidamente terminó de comprometer la situación del barra brava Favale cuando describió uno "morrudito de remera azul, uno que sale de atrás de un auto y empieza tirar, va hasta el medio de la calle, se para y empieza como trotando para atrás al tiempo que hace así (aquí el testigo se para e imitando a Favale, extiende el brazo y lo recoge después de cada disparo). El tipo estaba a veinte metros mío. Escuché más de un tiro."
Específicamente preguntado por las defensas hacia dónde apuntaba el tirador, respondió con firmeza "Hacia la gente". Y aportó dos cuestiones que terminan de cerrar el compartido plan de la agresión: "Al costado de él (por Favale) estaban ellos, todos juntos: Sánchez, Pipitó, Uño, González, un gordo morocho vestido con ropas de ferroviario... todos los que salen en el video que mientras él tiraba con balas ellos tiraban con piedras y cuando se quedaron sin tiros retrocedieron todos juntos y fue ahí que los corrimos".
Ve entonces por primera vez a los dos patrulleros atravesados, una vez que los patoteros pasaron y volvieron al terraplén. Dijo que la policía fue increpada por los compañeros, entre ellos Pintos, que mostró su herida de bala en una pierna y que por toda respuesta recibieron "nos sobrepasó la situación" en un pueril intento de zafar de una responsabilidad insoslayable.
Y para desgracia del imputado Uño, la insistencia de su propia defensa para ver los videos lo terminaron de comprometer de un modo directo e irrefutable: mientras la defensa de Favale se opuso a la exhibición (está claro que no puede seguir cosechando marcas en el casillero "culpable") el Dr. Igounet se empecinó. El testigo señaló en la proyección a Uño como uno de los más encendidos atacantes, ubicándolo sin dejar lugar a dudas.
Un testimonio más sucio que una "PAPPA"
Carlos Alberto Del Pappa, es un ferroviario que trabaja en Transmisión de Alta Tensión en Témperley, conocido de todos los imputados, inclusive por el barra y hombre de confianza de Pablo Díaz: Favale. Lo convocó la defensa para embarrar la cancha en un arrebato de impotencia que da cuentas sobre el verdadero estado del proceso.
Dijo desconocer todo lo relativo al corte hasta las 9:00 de ese 20 de octubre, en que por la banda de su radio de trabajo escuchó que se juntaba gente en el cuadro de vías de Avellaneda parta evitar el corte de vías. Primera rareza: Sin más y sin siquiera informar a sus superiores, junto a un compañero de apellido Barreiro, dejó su puesto de trabajo y con su propio auto fue hasta el lugar. Pese a no tener contacto con el usuario, dijo: "No íbamos a permitir que se corten las vías porque después el pasajero nos hace blanco a nosotros."
Contó cómo iba con sus compinches por las vías, mientras los manifestantes lo hacían por la calle y con "la policía de la Pcia. de Buenos Aires al frente de esa manifestación", curiosa afirmación que reiteró después sin dudar, contradiciendo a todos (de un lado y otro) que la ubican detrás.
Contó después los episodios del Puente Bosch, dijo haber sido golpeado en una mano por un tuercazo y que "nosotros respondimos con piedras a modo de defensa porque ellos nos agredieron desde abajo". Otra rareza: seguidamente describió al terraplén tan empinado que torna increíble su versión. Dijo que los manifestantes se fueron, pero que ellos (la patota) temían que volvieran para cortar las vías. Estuvieron casi una hora o más en las vías, con tanto calor que decidió bajar a tomar bebidas, cuando de pronto vio que desde los manifestantes "se elevó una pancarta y apuntaba como si vinieran para acá... estaban a 300 metros. Todos gritan se vienen, se vienen, y algunos de los nuestros empiezan a correr hacia donde estaba la pancarta." El corrió, también, pero no adelante, y vio como sus compañeros "son agredidos con piedras y palos y entonces deciden volver". Después dijo que, minutos antes, desde la Estación Yrigoyen, llegó un grupo liderado por Favale, a quien conocía del corte de boleterías en Constitución del mes de septiembre y del acto en Ríver "en apoyo de la Presidenta". Este grupo pasó, no habló con nadie y bajó (los videos muestran claramente que vienen caminando desde la estación Yirigoyen, que se "funden" con la otra patota al grito de "Ferroviairos Carajo" y se saludan, pero DEL PAPPA no vio nada.). Ahí presuntamente escucha disparos y aquí si se produce uno de los más inverosímiles relatos jamás escuchados en la audiencia: "cuando miro en diagonal a mí , veo a un hombre con gorra negra y cabello canoso que le salía a los costados, una manga blanca de una remera y haciendo un ademán sacando como un arma o algo oscuro". Es tan trucho este intento desesperado de querer introducir la teoría del enfrentamiento armado que ni siquiera repararon en que el propio testigo reconoció que esto lo vio a 70 metros... ¡70 metros de distancia! y que entre él y ese presunto tirador "había tumulto, gente corriendo, griterío."
Con la inevitable sensación de estar frente a alguien que miente y mucho, pero además mal, su declaración intentó justificar a Daniel González diciendo que traía a un hombre herido y hasta dijo que se encontró con Pablo Díaz, con quien, en el bar de la estación Avellaneda mantuvo este diálogo:
Pappa: ¿Para dónde vas Pablo?
Dïaz: A mi casa.- Responde el responsable de reclutar y manejar todo el plan en el ataque.
Pappa: Te llevo estoy con el auto, voy a Témperley.
"En ese momento en la TV cuentan que hay dos muertos y heridos en los episodios por lo que nos sorprendimos más Pablo que yo... y volvimos a Temperley." (¿Sin saber quiénes eran los muertos y heridos? ¿Sin saber qué había pasado? ¿Sin preguntar a nadie sobre lo que ellos pudieron no haber visto?).
Si esto es verdad, la que miente entonces es Karina Benemérito, la funcionaria de la UF que dijo que Díaz se enteró de todo por el llamado que ella le hizo a las 4 de la tarde... Aunque no se descarta que mientan ambos.
Pero en un momento al Pappa se le cayó la sotana: después de un rato largo y con un corte de luz que hizo peligrar la continuidad de la audiencia, reconoció: "Soy amigo de Pablo Díaz y hablé una sola vez con su esposa Viviana Torres después que lo detuvieron, pero no para presentarme como testigo diciendo esto que estoy diciendo yo". La defensa de Pablo Díaz intentó sacar al testigo del atolladero cuestionando las preguntas de la querella, hasta que desde nuestro rincón se dijo: "Hay cuatro llamadas que no concuerdan con lo dicho por el testigo". El gesto del defensor es imborrable.
Pero había más. Terminada la actuación de Del Pappa, el defensor de González, Dr. Froment, completó el cuadro: amplió la nulidad de todo lo actuado en la Instrucción porque dijo que la jueza no había investigado que González en su indagatoria menciona a Del Pappa y nunca lo llamó a declarar. Ahora bien... ¿y ellos porqué no lo hicieron si nada se los impedía?.
Un viejo axioma judicial dice: Nadie puede alegar su propia torpeza... aunque la mayor de ellas haya sido haberlo traído al juicio. Quien embarra la cancha suele salir salpicado.
La ejecución del plan criminal, filmada por C5N. Primera parte.
Marcelo Pablo Polito era el asistente de cámaras de C5N que, junto a la peridodista Gabriela Carchak y el camarógrafo Gustavo Farías, fueron convocados al lugar por los propios manifestantes después de haber sufrido el ataque en el Puente Bosch. Cuando llegaron, vieron gente muy golpeada, entre los que estaban Elsa Rodríguez y el propio Mariano Ferreyra, quien les ofreció grabar de cámara a cámara las imágenes que había grabado "durante la emboscada previa o no sé qué en las vias. (...) Por el display de la cámara observo hacia las vías y veo a la gente en la calle abajo del puente juntando piedras, rompiendo baldosas... la más chica era la mitad de una. La situación era pesada". De pronto al testigo se le acercó "una persona de camisa blanca con handy en las manos que me dice que me tengo que retirar porque me iban a romper todo, la cámara y esas cosas. Yo me pongo firme y le respondo estoy laburando si querés sacame vos, yo no me voy, y el policía repitió te van a romper toda la cámara...Sé que era de la fuerza porque escuché la modulación en el handy", dijo después, corroborando el diseño y la ejecución compartida entre la patota sindical y la fuerza policial.
Es más, señaló a los móviles policiales puestos arriba de la vereda previo identificarlos como en cuña sobre el asfalto y hasta vio el carro hidrante "que se abrió cuando empezó a venir esa gente enajenada con palos y todo. Nos increpan, nos insultan, nos recriminan que le demos cámara a esos negros de mierda. Nos van empujando y nos metemos en Chevallier. Eran unas quince personas las que nos amenazaban y actuaban como jefes de grupo, mientras otras gesticulaban como si tuvieran armas en la cintura". Después, en los videos, reconocería a los imputados Sánchez y González entre esos primeros y a Pérez como a uno de los amenazadores con la mano en la cintura. González es el que los increpa , "el señor del cuello ortopédico", como lo llamó.
Desbaratando definitivamente la absurda versión defensista de un enfrentamiento, refirió que "la última vez que veo al grupo de los tercerizados es cuando se retiran, con todas las banderas enrrolladas, lo hacen a mis espaldas y dando la espalda a quienes venían con palos".
Contó entonces que cuando él y sus compañeros pueden meterse en Chevallier, previo empujón de la patota, ésta empieza la corrida hacia los manifestantes y se desataron "...piedrazos, gritos, rotura de vidrios, alarmas, y 8 detonaciones de las cuales me asombraron las tres primeras y las tres últimas. Eran balazos, sé distinguirlos de otras detonaciones porque en allanamientos filmados por nosotros en nuestro trabajo en villas y asentamientos varias veces han disparado".
Describiendo todavía más puntualmente cómo era que tenían todo previsto y planeado para matar y salir impunes, contó que "uno del grupo que venía de las vías, con pelo largo y campera azul, fue y vino hasta la puerta de Chevallier como custodiando que nosotros no salgamos para evitar que filmemos. Estaba parado ahí esperando que sus compañeros hayan hecho lo que hicieron". Después lo identificó en el video y en las fotos como al imputado Pipitó, caminando al lado de su jefe Pablo Díaz.
Para completar la cínica conducta del grupo delincuencial que prestó una colaboración indispensable para la ejecución del crímen, es decir los policías federales que estaban en el lugar, contó que "una vez que todo terminó y yo estaba entre los heridos y abrazaba a una mujer que estaba desesperada, vino otra persona mayor con handy a preguntarme qué había pasado... como si estuviéramos en un cumpleaños de quince".
El testigo refirió en todo momento haberse asustado y mucho, vivir amenazado y temeroso desde esos hechos, al punto de volver a declarar después de haberse retirado, para denunciar esta situación.
Por supuesto la defensa pidió el falso testimonio, como lo ha hecho cada vez que un testigo compromete seriamente sus intereses, es decir, en casi todos los casos de testimonios recogidos en la audiencia... y van más de doscientos.
El lunes declara el resto del personal de C5N que filmó el ataque. No pudo hacerlo el pasado 8N, porque algunos defensores como Freeland y Fenzel manifestaron a viva voz su deseo de concurrir a la marcha opositora al gobierno. La patota que ellos defienden, hace dos años, fue a Ríver en apoyo a los K. Unos y otros, asiduos concurrentes a "compromisos patrióticos y democráticos" en los que se decide la tercerización de la vida y de la muerte, de los trabajadores.
Gonzalo Damián Fernández, ex tercerizado despedido de la empresa Confer S.A., prestó uno de los testimonios más precisos y contundentes que se tengan sobre lo ocurrido el 20 de octubre de 2010. No sólo por la coherencia de su relato en cuanto a lo vivido, sino también por la certeza y seguridad que demostró a la hora de reconocer a los agresores.
"Fuimos citados en la Estación Avellaneda por reuniones previas que tuvimos con Cardías, Villalba, el hermano de Pintos y otros compañeros tercerizados despedidos, para cortar las vías por la reincorporación y el pase a planta permanente. Ya lo habíamos hecho en julio de ese mismo año desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche. Ahí conocí a los compañeros. Nos llevaron al Ministerio de Trabajo, nos prometieron pero nunca cumplieron. Por eso unos 20 tercerizados y grupos que nos apoyaban, fuimos el 20 de octubre a Avellaneda".
Contó entonces que, al llegar, en las vías estaba la gente de la UF, por lo que decidieron caminar por la lateral. "Se armó el revuelo cuando nosotros quisimos subir en el Puente Bosch, ellos empezaron a tirarnos de todo. Eran más que nosotros, entre ciento cincuenta y doscientas personas. Yo entré por un alambrado roto, trepé el terraplén junto a Fabián, otro tercerizado despedido de HERSO S.A. y no duramos un minuto arriba de las vías. Lo hice porque vi la ocasión de subir y me mandé, nosotros no tenemos jefes que ordenan."
Desesperando a las defensas, porque su testimonio destila la lógica del agredido, reconoció que llevaba palos y gomeras "porque no sabés con lo que te ibas a encontrar" . Y de banderas, sólo recordó una grande, la que había hecho el propio Mariano tal como se ve en los videos.
Relató entonces que, al recibir la represión policial con balas de goma y gases, dejaron muchos de esos palos en el lugar (seguramente los que después levantó la patota y los esgrimieron contra ellos, según los videos) y se fueron tres cuadras por Luján, hacia Vélez Sarsfield, en dónde hicieron una asamblea y decidieron retirarse. "Llevaríamos una cuadra caminando hacia Vélez Sarsfield y vienen ellos, corriendo con piedras y palos en las manos. Quedamos enfrentados a unos 30 metros. Volaban las piedras de ellos y nuestras, que recogíamos de lo que nos tiraban". Seguidamente terminó de comprometer la situación del barra brava Favale cuando describió uno "morrudito de remera azul, uno que sale de atrás de un auto y empieza tirar, va hasta el medio de la calle, se para y empieza como trotando para atrás al tiempo que hace así (aquí el testigo se para e imitando a Favale, extiende el brazo y lo recoge después de cada disparo). El tipo estaba a veinte metros mío. Escuché más de un tiro."
Específicamente preguntado por las defensas hacia dónde apuntaba el tirador, respondió con firmeza "Hacia la gente". Y aportó dos cuestiones que terminan de cerrar el compartido plan de la agresión: "Al costado de él (por Favale) estaban ellos, todos juntos: Sánchez, Pipitó, Uño, González, un gordo morocho vestido con ropas de ferroviario... todos los que salen en el video que mientras él tiraba con balas ellos tiraban con piedras y cuando se quedaron sin tiros retrocedieron todos juntos y fue ahí que los corrimos".
Ve entonces por primera vez a los dos patrulleros atravesados, una vez que los patoteros pasaron y volvieron al terraplén. Dijo que la policía fue increpada por los compañeros, entre ellos Pintos, que mostró su herida de bala en una pierna y que por toda respuesta recibieron "nos sobrepasó la situación" en un pueril intento de zafar de una responsabilidad insoslayable.
Y para desgracia del imputado Uño, la insistencia de su propia defensa para ver los videos lo terminaron de comprometer de un modo directo e irrefutable: mientras la defensa de Favale se opuso a la exhibición (está claro que no puede seguir cosechando marcas en el casillero "culpable") el Dr. Igounet se empecinó. El testigo señaló en la proyección a Uño como uno de los más encendidos atacantes, ubicándolo sin dejar lugar a dudas.
Un testimonio más sucio que una "PAPPA"
Carlos Alberto Del Pappa, es un ferroviario que trabaja en Transmisión de Alta Tensión en Témperley, conocido de todos los imputados, inclusive por el barra y hombre de confianza de Pablo Díaz: Favale. Lo convocó la defensa para embarrar la cancha en un arrebato de impotencia que da cuentas sobre el verdadero estado del proceso.
Dijo desconocer todo lo relativo al corte hasta las 9:00 de ese 20 de octubre, en que por la banda de su radio de trabajo escuchó que se juntaba gente en el cuadro de vías de Avellaneda parta evitar el corte de vías. Primera rareza: Sin más y sin siquiera informar a sus superiores, junto a un compañero de apellido Barreiro, dejó su puesto de trabajo y con su propio auto fue hasta el lugar. Pese a no tener contacto con el usuario, dijo: "No íbamos a permitir que se corten las vías porque después el pasajero nos hace blanco a nosotros."
Contó cómo iba con sus compinches por las vías, mientras los manifestantes lo hacían por la calle y con "la policía de la Pcia. de Buenos Aires al frente de esa manifestación", curiosa afirmación que reiteró después sin dudar, contradiciendo a todos (de un lado y otro) que la ubican detrás.
Contó después los episodios del Puente Bosch, dijo haber sido golpeado en una mano por un tuercazo y que "nosotros respondimos con piedras a modo de defensa porque ellos nos agredieron desde abajo". Otra rareza: seguidamente describió al terraplén tan empinado que torna increíble su versión. Dijo que los manifestantes se fueron, pero que ellos (la patota) temían que volvieran para cortar las vías. Estuvieron casi una hora o más en las vías, con tanto calor que decidió bajar a tomar bebidas, cuando de pronto vio que desde los manifestantes "se elevó una pancarta y apuntaba como si vinieran para acá... estaban a 300 metros. Todos gritan se vienen, se vienen, y algunos de los nuestros empiezan a correr hacia donde estaba la pancarta." El corrió, también, pero no adelante, y vio como sus compañeros "son agredidos con piedras y palos y entonces deciden volver". Después dijo que, minutos antes, desde la Estación Yrigoyen, llegó un grupo liderado por Favale, a quien conocía del corte de boleterías en Constitución del mes de septiembre y del acto en Ríver "en apoyo de la Presidenta". Este grupo pasó, no habló con nadie y bajó (los videos muestran claramente que vienen caminando desde la estación Yirigoyen, que se "funden" con la otra patota al grito de "Ferroviairos Carajo" y se saludan, pero DEL PAPPA no vio nada.). Ahí presuntamente escucha disparos y aquí si se produce uno de los más inverosímiles relatos jamás escuchados en la audiencia: "cuando miro en diagonal a mí , veo a un hombre con gorra negra y cabello canoso que le salía a los costados, una manga blanca de una remera y haciendo un ademán sacando como un arma o algo oscuro". Es tan trucho este intento desesperado de querer introducir la teoría del enfrentamiento armado que ni siquiera repararon en que el propio testigo reconoció que esto lo vio a 70 metros... ¡70 metros de distancia! y que entre él y ese presunto tirador "había tumulto, gente corriendo, griterío."
Con la inevitable sensación de estar frente a alguien que miente y mucho, pero además mal, su declaración intentó justificar a Daniel González diciendo que traía a un hombre herido y hasta dijo que se encontró con Pablo Díaz, con quien, en el bar de la estación Avellaneda mantuvo este diálogo:
Pappa: ¿Para dónde vas Pablo?
Dïaz: A mi casa.- Responde el responsable de reclutar y manejar todo el plan en el ataque.
Pappa: Te llevo estoy con el auto, voy a Témperley.
"En ese momento en la TV cuentan que hay dos muertos y heridos en los episodios por lo que nos sorprendimos más Pablo que yo... y volvimos a Temperley." (¿Sin saber quiénes eran los muertos y heridos? ¿Sin saber qué había pasado? ¿Sin preguntar a nadie sobre lo que ellos pudieron no haber visto?).
Si esto es verdad, la que miente entonces es Karina Benemérito, la funcionaria de la UF que dijo que Díaz se enteró de todo por el llamado que ella le hizo a las 4 de la tarde... Aunque no se descarta que mientan ambos.
Pero en un momento al Pappa se le cayó la sotana: después de un rato largo y con un corte de luz que hizo peligrar la continuidad de la audiencia, reconoció: "Soy amigo de Pablo Díaz y hablé una sola vez con su esposa Viviana Torres después que lo detuvieron, pero no para presentarme como testigo diciendo esto que estoy diciendo yo". La defensa de Pablo Díaz intentó sacar al testigo del atolladero cuestionando las preguntas de la querella, hasta que desde nuestro rincón se dijo: "Hay cuatro llamadas que no concuerdan con lo dicho por el testigo". El gesto del defensor es imborrable.
Pero había más. Terminada la actuación de Del Pappa, el defensor de González, Dr. Froment, completó el cuadro: amplió la nulidad de todo lo actuado en la Instrucción porque dijo que la jueza no había investigado que González en su indagatoria menciona a Del Pappa y nunca lo llamó a declarar. Ahora bien... ¿y ellos porqué no lo hicieron si nada se los impedía?.
Un viejo axioma judicial dice: Nadie puede alegar su propia torpeza... aunque la mayor de ellas haya sido haberlo traído al juicio. Quien embarra la cancha suele salir salpicado.
La ejecución del plan criminal, filmada por C5N. Primera parte.
Marcelo Pablo Polito era el asistente de cámaras de C5N que, junto a la peridodista Gabriela Carchak y el camarógrafo Gustavo Farías, fueron convocados al lugar por los propios manifestantes después de haber sufrido el ataque en el Puente Bosch. Cuando llegaron, vieron gente muy golpeada, entre los que estaban Elsa Rodríguez y el propio Mariano Ferreyra, quien les ofreció grabar de cámara a cámara las imágenes que había grabado "durante la emboscada previa o no sé qué en las vias. (...) Por el display de la cámara observo hacia las vías y veo a la gente en la calle abajo del puente juntando piedras, rompiendo baldosas... la más chica era la mitad de una. La situación era pesada". De pronto al testigo se le acercó "una persona de camisa blanca con handy en las manos que me dice que me tengo que retirar porque me iban a romper todo, la cámara y esas cosas. Yo me pongo firme y le respondo estoy laburando si querés sacame vos, yo no me voy, y el policía repitió te van a romper toda la cámara...Sé que era de la fuerza porque escuché la modulación en el handy", dijo después, corroborando el diseño y la ejecución compartida entre la patota sindical y la fuerza policial.
Es más, señaló a los móviles policiales puestos arriba de la vereda previo identificarlos como en cuña sobre el asfalto y hasta vio el carro hidrante "que se abrió cuando empezó a venir esa gente enajenada con palos y todo. Nos increpan, nos insultan, nos recriminan que le demos cámara a esos negros de mierda. Nos van empujando y nos metemos en Chevallier. Eran unas quince personas las que nos amenazaban y actuaban como jefes de grupo, mientras otras gesticulaban como si tuvieran armas en la cintura". Después, en los videos, reconocería a los imputados Sánchez y González entre esos primeros y a Pérez como a uno de los amenazadores con la mano en la cintura. González es el que los increpa , "el señor del cuello ortopédico", como lo llamó.
Desbaratando definitivamente la absurda versión defensista de un enfrentamiento, refirió que "la última vez que veo al grupo de los tercerizados es cuando se retiran, con todas las banderas enrrolladas, lo hacen a mis espaldas y dando la espalda a quienes venían con palos".
Contó entonces que cuando él y sus compañeros pueden meterse en Chevallier, previo empujón de la patota, ésta empieza la corrida hacia los manifestantes y se desataron "...piedrazos, gritos, rotura de vidrios, alarmas, y 8 detonaciones de las cuales me asombraron las tres primeras y las tres últimas. Eran balazos, sé distinguirlos de otras detonaciones porque en allanamientos filmados por nosotros en nuestro trabajo en villas y asentamientos varias veces han disparado".
Describiendo todavía más puntualmente cómo era que tenían todo previsto y planeado para matar y salir impunes, contó que "uno del grupo que venía de las vías, con pelo largo y campera azul, fue y vino hasta la puerta de Chevallier como custodiando que nosotros no salgamos para evitar que filmemos. Estaba parado ahí esperando que sus compañeros hayan hecho lo que hicieron". Después lo identificó en el video y en las fotos como al imputado Pipitó, caminando al lado de su jefe Pablo Díaz.
Para completar la cínica conducta del grupo delincuencial que prestó una colaboración indispensable para la ejecución del crímen, es decir los policías federales que estaban en el lugar, contó que "una vez que todo terminó y yo estaba entre los heridos y abrazaba a una mujer que estaba desesperada, vino otra persona mayor con handy a preguntarme qué había pasado... como si estuviéramos en un cumpleaños de quince".
El testigo refirió en todo momento haberse asustado y mucho, vivir amenazado y temeroso desde esos hechos, al punto de volver a declarar después de haberse retirado, para denunciar esta situación.
Por supuesto la defensa pidió el falso testimonio, como lo ha hecho cada vez que un testigo compromete seriamente sus intereses, es decir, en casi todos los casos de testimonios recogidos en la audiencia... y van más de doscientos.
El lunes declara el resto del personal de C5N que filmó el ataque. No pudo hacerlo el pasado 8N, porque algunos defensores como Freeland y Fenzel manifestaron a viva voz su deseo de concurrir a la marcha opositora al gobierno. La patota que ellos defienden, hace dos años, fue a Ríver en apoyo a los K. Unos y otros, asiduos concurrentes a "compromisos patrióticos y democráticos" en los que se decide la tercerización de la vida y de la muerte, de los trabajadores.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Día 36, 6 de noviembre.
“Paren el barco, me quiero bajar…”
Ése parece ser el ruego de las defensas, que ya no pueden disimular su preocupación. Es que, a medida que siguen declarando los testigos ofrecidos desde la Unión Ferroviaria, se complica más la situación de los imputados. Tanto es así, que a cada rato desisten de testimonios que, hace apenas unos meses –o semanas-, anunciaban como “claves” para demostrar la inocencia de sus representados.
Del “acto de presencia” a “un compañero más”.
Hoy comenzó la jornada con Miguel Alejandro Torreta, soldador y delegado de los Talleres de Remedios de Escalada. Uno de los que fue sindicado por otros testigos –incluso “amigos”- como reclutador de la patota.
Ya en las generales de la ley, sus respuestas nos hicieron sonreír. Después de explicar que conoce a varios de los imputados porque son sus compañeros de trabajo, como Uño o Alcorcel, cuando se le preguntó por Pablo Díaz, dijo: “Claro que lo conozco. Pablo… Pablo es la cabeza nuestra”. La cabeza de la patota, como el 20 de octubre.
Torreta reconoció que, el 20 de octubre, su supervisor, Aldo Amuchástegui, “me comenta que había un acto de presencia en Avellaneda. Agarré una planilla de personal y empecé a recorrer los sectores para preguntar quién quería ir. Supuestamente íbamos a hacer un acto de presencia porque había gente que quería cortar las vías, partidos políticos, nosotros no teníamos más paciencia”. Después le preguntamos qué quería decir eso de “acto de presencia” que a cada rato repetía, y ¿explicó?: “Acto de presencia es eso, es plantar presencia en la estación y quedarse ahí. Como si fuera una reunión con los compañeros”, y no supo qué decir cuando desde el tribunal le retrucaron, “¿Y si se iban a quedar ahí, por qué se fueron hasta el puente Bosch?”.
El hombre trató de hacer, lo mejor que pudo, lo que le pidieron: asegurar, como otros en las jornadas anteriores, que la patota sólo bajó de las vías porque hacía calor y buscaban sombra, y así estaban hasta que los atacaron las fieras enardecidas entre las que estaba mariano Ferreyra. Pero por más esfuerzo que puso, no pudo. Dijo que él se quedó sobre la vía porque estaba operado de la rodilla, junto a unos pocos más, gente mayor, que tenía miedo de bajar porque “Quebracho le pega a la gente…" (¿?), al mismo tiempo que cándidamente admitió que “los otros” estaban tan lejos, a unos 300 metros, que él ya no los veía…
A pesar de que intentó ayudar a sus jefes y benefactores –aclaró que está trabajando en el ferrocarril “gracias al Sr. Fernández, que le tramitó el ingreso”- terminó dando elementos a la acusación. Contó que las planillas con los trabajadores que iban a la actividad las entregaba a la encargada del personal, y, así, quedaban “liberados”, con permiso de la empresa para irse. Admitió que de los talleres salieron no menos de 80 a 100 “liberados”. En Avellaneda eran más de 120 en total, y “superábamos en número a los otros”. Mandó con pitos y cadenas a los policías, tanto a la “gente de traje que estaban sobre la vía, se decía que eran comisarios” como a los de infantería, que llegaron, miraron y se fueron justo antes del ataque, y los de los patrulleros de la comisaría 30ª.
Describió el “ataque” como, dijo, se lo contaron “un montón de compañeros que fueron en la corrida”: “Me dijeron que ellos fueron todos corriendo y al llegar unos 200 o 300 metros se encontraron con un grupo de gente del PO parados con palos, encapuchados y con una bandera grande, se tiraron unas piedras, se pelearon, se escucharon disparos que ellos pensaron que eran 3 tiros y se volvieron”. Y aclaró que, además de los “suyos”, llegó un grupo que no conocía, y que fue en la corrida. Pero después resultó que Favale, al que primero dijo “no conozco” lo había visto a la salida de la cancha de River tras el “acto de Cristina y Moyano”, preguntó quién era, le dijeron que se llamaba Cristian, y concluyó: “era un compañero más”.
Cuando empezó la ronda de preguntas de la fiscalía y las querellas, se le puso la mente en blanco. Primero, no recordó la reunión en los talleres después del hecho, pero luego reconoció que la pidió él, para que vinieran a decirles a todos los que habían ido al “acto de presencia” “que se quedaran tranquilos”; no pudo decir para qué, por qué o gritando qué corrieron sus compañeros por la calle Luján, ni recordó haber preguntado después, ni siquiera cuando supo que había un muerto y otros heridos de bala.
Tan vagas eran sus respuestas al promediar la declaración, que, ya sobre el final, el juez Días le preguntó: “¿Toma algún medicamento? Porque hay muchas cosas que no se acuerda…”, lo que motivó un pedido de cuarto intermedio del defensor de Pablo Díaz, que, de regreso, arremetió contra el tribunal por el “trato horrorosamente desigual entre testigos”, como si los compañeros que declararon en las primeras audiencias hubieran venido a un día de campo. Lo “horrorosamente desigual” es comparar a los trabajadores conscientes con estos pobres domesticados por la burocracia a la que aspiran pertenecer.
“Ahora nos pusieron una delegada”.
Pasados unos minutos, llegó María Cristina Creado, empleada administrativa en Remedios de Escalada, que fue por varios años boletera en Constitución, y fue traída al solo efecto de contar los momentos de congoja que padeció cada vez que “venían los piqueteros y los grupos políticos a bloquear las boleterías”. Mezclando un poco de todo, juntó las movilizaciones de desocupados, con Castells y Nina Peloso a la cabeza, con los incidentes de septiembre de 2007, protagonizados por pasajeros enardecidos hasta el hartazgo por el maltrato y la falta de servicio.
Su intento de mostrarse lejana a los imputados y ajena a las cuestiones “políticas” se derrumbó cuando contó que ella también fue al acto “de la CGT en apoyo al gobierno” en River. Con permiso de la empresa, claro. Y, de nuevo, mostró la diferencia entre ellos y nosotros, cuando se le preguntó por los delegados de su sector de trabajo. “Antes no había, ahora pusieron una delegada”, se le escapó.
"Los ferroviarios de los Talleres de Escalada no tienen contacto con los usuarios".
Con esta frase se despidió el testigo Nicolás Germán Salgado, de Evasión del Roca. El picaboletos, que llamó Pablo a Díaz y Dani a González siendo que ninguno de éstos trabajaba en su estación ni en su área, también admitió conocer al "Gallego Fernández" por los asados del sindicato. El 20 de octubre de 2010 estaba en la Estación Glew y se enteró de todo por dichos de terceros.
Adiestrado, intentó descalificar los reclamos contando que varios cortes de vías terminaron en hechos violentos contra su persona por obra de los usuaruios indignados, como un episodio que habría ocurrido en Longchamps. Lo adjudicó a "sectores políticos".
A preguntas de la querella, sin embargo, reconoció que él no fue convocado a evitar el corte del 20 de octubre, y que él y sus compañeros de tareas tienen contacto directo con los usuarios, cosa que no tienen los trabajadores de Talleres de Escalada, porque su tarea es ajena al trato con los pasajeros. Entonces quedó en el aire de la sala la pregunta que sólo se responde con la lógica de la patota: El Gallego, Pablo, Dani y los demás imputados ¿querían evitar el corte para defenderse de usuarios con los que no tenían contacto? ¿Y él, que sí tenía contacto y además hasta sufrió en su propio cuero otras agresiones, ni siquiera fue convocado? ... Si algo faltaba agradecer a las defensas es que hayan corroborado lo de la fuerza de choque reclutada en Escalada.
"Era un hombre que estaba muy agradecido".
Fernanda Schiapparo Scalese era boletera en la estación Rafael Calzada. "Conozco a Pablo Díaz del barrio y del club 20 de Febrero, somos amigos, me hizo entrar al Roca ..." Casi en la misma línea que los anteriores testigos, contó que los usuarios se ponen violentos con los cortes para después aclarar "en realidad con los cortes, accidentes o lo que sea", y repitió para que no queden dudas sobre la razón del malestar del usuario "con los usuarios siempre hay problemas por lo que sea que no haya". Su testimonio anduvo por adjudicar a sectores políticos esos cortes y mezclar acontecimientos que nada tuvieron que ver con los hechos del 20 de octubre, de los que se enteró cuando llegó a su casa. Y en otra muestra de la enorme contribución que las defensas hacen a la acusación, ofreció dos datos determinantes a la hora de calificar a los testigos: por un lado reconoció que ese día no hubo cancelaciones ni inconvenientes en la estación por ningún motivo (esto desmiente al testigo y delegado Dotta que dijo que dejó la misma estación de Calzada porque no había trenes y por eso fue recogido en un auto en el que venía Uño) y finalmente algo sugestivo sobre este mismo Uño: "es una persona tranquila, muy bueno y estaba muy agradecido". Repreguntada de quién estaba agradecido Uño, titubeó y mucho ¿otro motivo del alistamiento en la patota es precisamente esta manera de expresar la gratitud?.
El amigo de la familia.
Jorge Antonio Valdéz es control en la estación Glew del Roca. Ingresó en Mayo de 2008. "Conozco a Pablo... a Pablo Díaz, es amigo de mi familia desde hace 20 años, yo tengo 25 y entré al ferrocarril por él". Otro picaboletos que, habiendo vivido circunstancias agresivas y teniendo contacto con los usuarios, tampoco fue convocado al "acto de presencia". Eso sí, puesto a declarar contra cortes y piqueteros fue fiel al amigo: "yo no se por qué cortaban, pero eran piqueteros del Polo Obrero, MTS y cosas por el estilo". Tambaleó y mucho cuando, a preguntas de la fiscalía, reconoció que tenía una novia llamada Sandra Fernández, compañera de trabajo en Quilmes y a quien el día del crímen le prestó un teléfono celular que pertenecía a la flota del amigo de la familia.
Las defensas terminaron la jornada desistiendo de otros testigos... bien que hacen.
Ése parece ser el ruego de las defensas, que ya no pueden disimular su preocupación. Es que, a medida que siguen declarando los testigos ofrecidos desde la Unión Ferroviaria, se complica más la situación de los imputados. Tanto es así, que a cada rato desisten de testimonios que, hace apenas unos meses –o semanas-, anunciaban como “claves” para demostrar la inocencia de sus representados.
Del “acto de presencia” a “un compañero más”.
Hoy comenzó la jornada con Miguel Alejandro Torreta, soldador y delegado de los Talleres de Remedios de Escalada. Uno de los que fue sindicado por otros testigos –incluso “amigos”- como reclutador de la patota.
Ya en las generales de la ley, sus respuestas nos hicieron sonreír. Después de explicar que conoce a varios de los imputados porque son sus compañeros de trabajo, como Uño o Alcorcel, cuando se le preguntó por Pablo Díaz, dijo: “Claro que lo conozco. Pablo… Pablo es la cabeza nuestra”. La cabeza de la patota, como el 20 de octubre.
Torreta reconoció que, el 20 de octubre, su supervisor, Aldo Amuchástegui, “me comenta que había un acto de presencia en Avellaneda. Agarré una planilla de personal y empecé a recorrer los sectores para preguntar quién quería ir. Supuestamente íbamos a hacer un acto de presencia porque había gente que quería cortar las vías, partidos políticos, nosotros no teníamos más paciencia”. Después le preguntamos qué quería decir eso de “acto de presencia” que a cada rato repetía, y ¿explicó?: “Acto de presencia es eso, es plantar presencia en la estación y quedarse ahí. Como si fuera una reunión con los compañeros”, y no supo qué decir cuando desde el tribunal le retrucaron, “¿Y si se iban a quedar ahí, por qué se fueron hasta el puente Bosch?”.
El hombre trató de hacer, lo mejor que pudo, lo que le pidieron: asegurar, como otros en las jornadas anteriores, que la patota sólo bajó de las vías porque hacía calor y buscaban sombra, y así estaban hasta que los atacaron las fieras enardecidas entre las que estaba mariano Ferreyra. Pero por más esfuerzo que puso, no pudo. Dijo que él se quedó sobre la vía porque estaba operado de la rodilla, junto a unos pocos más, gente mayor, que tenía miedo de bajar porque “Quebracho le pega a la gente…" (¿?), al mismo tiempo que cándidamente admitió que “los otros” estaban tan lejos, a unos 300 metros, que él ya no los veía…
A pesar de que intentó ayudar a sus jefes y benefactores –aclaró que está trabajando en el ferrocarril “gracias al Sr. Fernández, que le tramitó el ingreso”- terminó dando elementos a la acusación. Contó que las planillas con los trabajadores que iban a la actividad las entregaba a la encargada del personal, y, así, quedaban “liberados”, con permiso de la empresa para irse. Admitió que de los talleres salieron no menos de 80 a 100 “liberados”. En Avellaneda eran más de 120 en total, y “superábamos en número a los otros”. Mandó con pitos y cadenas a los policías, tanto a la “gente de traje que estaban sobre la vía, se decía que eran comisarios” como a los de infantería, que llegaron, miraron y se fueron justo antes del ataque, y los de los patrulleros de la comisaría 30ª.
Describió el “ataque” como, dijo, se lo contaron “un montón de compañeros que fueron en la corrida”: “Me dijeron que ellos fueron todos corriendo y al llegar unos 200 o 300 metros se encontraron con un grupo de gente del PO parados con palos, encapuchados y con una bandera grande, se tiraron unas piedras, se pelearon, se escucharon disparos que ellos pensaron que eran 3 tiros y se volvieron”. Y aclaró que, además de los “suyos”, llegó un grupo que no conocía, y que fue en la corrida. Pero después resultó que Favale, al que primero dijo “no conozco” lo había visto a la salida de la cancha de River tras el “acto de Cristina y Moyano”, preguntó quién era, le dijeron que se llamaba Cristian, y concluyó: “era un compañero más”.
Cuando empezó la ronda de preguntas de la fiscalía y las querellas, se le puso la mente en blanco. Primero, no recordó la reunión en los talleres después del hecho, pero luego reconoció que la pidió él, para que vinieran a decirles a todos los que habían ido al “acto de presencia” “que se quedaran tranquilos”; no pudo decir para qué, por qué o gritando qué corrieron sus compañeros por la calle Luján, ni recordó haber preguntado después, ni siquiera cuando supo que había un muerto y otros heridos de bala.
Tan vagas eran sus respuestas al promediar la declaración, que, ya sobre el final, el juez Días le preguntó: “¿Toma algún medicamento? Porque hay muchas cosas que no se acuerda…”, lo que motivó un pedido de cuarto intermedio del defensor de Pablo Díaz, que, de regreso, arremetió contra el tribunal por el “trato horrorosamente desigual entre testigos”, como si los compañeros que declararon en las primeras audiencias hubieran venido a un día de campo. Lo “horrorosamente desigual” es comparar a los trabajadores conscientes con estos pobres domesticados por la burocracia a la que aspiran pertenecer.
“Ahora nos pusieron una delegada”.
Pasados unos minutos, llegó María Cristina Creado, empleada administrativa en Remedios de Escalada, que fue por varios años boletera en Constitución, y fue traída al solo efecto de contar los momentos de congoja que padeció cada vez que “venían los piqueteros y los grupos políticos a bloquear las boleterías”. Mezclando un poco de todo, juntó las movilizaciones de desocupados, con Castells y Nina Peloso a la cabeza, con los incidentes de septiembre de 2007, protagonizados por pasajeros enardecidos hasta el hartazgo por el maltrato y la falta de servicio.
Su intento de mostrarse lejana a los imputados y ajena a las cuestiones “políticas” se derrumbó cuando contó que ella también fue al acto “de la CGT en apoyo al gobierno” en River. Con permiso de la empresa, claro. Y, de nuevo, mostró la diferencia entre ellos y nosotros, cuando se le preguntó por los delegados de su sector de trabajo. “Antes no había, ahora pusieron una delegada”, se le escapó.
"Los ferroviarios de los Talleres de Escalada no tienen contacto con los usuarios".
Con esta frase se despidió el testigo Nicolás Germán Salgado, de Evasión del Roca. El picaboletos, que llamó Pablo a Díaz y Dani a González siendo que ninguno de éstos trabajaba en su estación ni en su área, también admitió conocer al "Gallego Fernández" por los asados del sindicato. El 20 de octubre de 2010 estaba en la Estación Glew y se enteró de todo por dichos de terceros.
Adiestrado, intentó descalificar los reclamos contando que varios cortes de vías terminaron en hechos violentos contra su persona por obra de los usuaruios indignados, como un episodio que habría ocurrido en Longchamps. Lo adjudicó a "sectores políticos".
A preguntas de la querella, sin embargo, reconoció que él no fue convocado a evitar el corte del 20 de octubre, y que él y sus compañeros de tareas tienen contacto directo con los usuarios, cosa que no tienen los trabajadores de Talleres de Escalada, porque su tarea es ajena al trato con los pasajeros. Entonces quedó en el aire de la sala la pregunta que sólo se responde con la lógica de la patota: El Gallego, Pablo, Dani y los demás imputados ¿querían evitar el corte para defenderse de usuarios con los que no tenían contacto? ¿Y él, que sí tenía contacto y además hasta sufrió en su propio cuero otras agresiones, ni siquiera fue convocado? ... Si algo faltaba agradecer a las defensas es que hayan corroborado lo de la fuerza de choque reclutada en Escalada.
"Era un hombre que estaba muy agradecido".
Fernanda Schiapparo Scalese era boletera en la estación Rafael Calzada. "Conozco a Pablo Díaz del barrio y del club 20 de Febrero, somos amigos, me hizo entrar al Roca ..." Casi en la misma línea que los anteriores testigos, contó que los usuarios se ponen violentos con los cortes para después aclarar "en realidad con los cortes, accidentes o lo que sea", y repitió para que no queden dudas sobre la razón del malestar del usuario "con los usuarios siempre hay problemas por lo que sea que no haya". Su testimonio anduvo por adjudicar a sectores políticos esos cortes y mezclar acontecimientos que nada tuvieron que ver con los hechos del 20 de octubre, de los que se enteró cuando llegó a su casa. Y en otra muestra de la enorme contribución que las defensas hacen a la acusación, ofreció dos datos determinantes a la hora de calificar a los testigos: por un lado reconoció que ese día no hubo cancelaciones ni inconvenientes en la estación por ningún motivo (esto desmiente al testigo y delegado Dotta que dijo que dejó la misma estación de Calzada porque no había trenes y por eso fue recogido en un auto en el que venía Uño) y finalmente algo sugestivo sobre este mismo Uño: "es una persona tranquila, muy bueno y estaba muy agradecido". Repreguntada de quién estaba agradecido Uño, titubeó y mucho ¿otro motivo del alistamiento en la patota es precisamente esta manera de expresar la gratitud?.
El amigo de la familia.
Jorge Antonio Valdéz es control en la estación Glew del Roca. Ingresó en Mayo de 2008. "Conozco a Pablo... a Pablo Díaz, es amigo de mi familia desde hace 20 años, yo tengo 25 y entré al ferrocarril por él". Otro picaboletos que, habiendo vivido circunstancias agresivas y teniendo contacto con los usuarios, tampoco fue convocado al "acto de presencia". Eso sí, puesto a declarar contra cortes y piqueteros fue fiel al amigo: "yo no se por qué cortaban, pero eran piqueteros del Polo Obrero, MTS y cosas por el estilo". Tambaleó y mucho cuando, a preguntas de la fiscalía, reconoció que tenía una novia llamada Sandra Fernández, compañera de trabajo en Quilmes y a quien el día del crímen le prestó un teléfono celular que pertenecía a la flota del amigo de la familia.
Las defensas terminaron la jornada desistiendo de otros testigos... bien que hacen.
martes, 6 de noviembre de 2012
Día 35 - (01/11)
"Con funcionarios de la empresa como Walter de RRHH y Hourcade de Transporte, les dimos a los que venían a impedir el corte, todas las garantías de que nada les iba a pasar"
Ricardo Ernesto Arias es un ferroviario que integró en forma activa la patota que atacó a los tercerizados. Del grupo de delegados que responden a la burocracia sindical, en los Talleres de Escalada, contó que fue y convocó a impedir el corte para demostrarle a los usuarios que ellos no eran los que cortaban. Dijo, además, que, junto a funcionarios de la empresa como un tal Walter de RRHH y el jefe de transportes Hourcade, le dieron al resto de sus compañeros "garantias de que no iba a pasar nada".
La versión de los hechos, inocultablemente armada, intentó poner a su grupo en víctima. Pero lo inverosimil afloró en todo momento. Si los tercerizados iban por la calle lateral y ellos arriba de las vías sobre un terraplén muy alto, no se explica como los primeros van a ser los que agreden desafiando a la lógica y a la física: tirar cosas desde abajo hacia arriba, en un lugar encajonado y sin salida, para comenzar una agresión, resulta poco menos que suicida. Sobremanera si los de arriba tienen el dominio de la situación en todo momento, a punto que el grupito minúsculo que intentó subir a las vías fue rápidamente bajado, permitiendo que el propio testigo, que según su relato venía atrás, llegara a ver cómo, abajo, lo dispersaba la policía con una cortina de gases.
Dice que varios compañeros suyos salieron heridos en brazos y pecho por tuercazos, pero nadie se reportó como herido.
Dijo que "la otra gente", se fue a 300 metros del lugar y que ellos se quedaron en las vías porque temían que volvieran.
Dijo que bajaron"para comer" y que de pronto vio una corrida, dejó su sandwich y su gaseosa y salió tras sus compañeros, ignorando por qué corrían. Que pasó a los móviles policiales, que al principio se encontraban casi enfrentados y que después se corrieron. Que corrió cerca de 150 metros y entonces vio a la gente del PO con la cara tapada, gorritas y palos grandes. Llegó a Chevallier y ahí escuchó 5 o 6 tiros, que para él eran pirotecnia. Entonces volvieron para las vías. Dijo que no vio armas, que no vio a Favale ni ahí ni en las vías, que a González lo vio en las vías y que vio cámaras de TV en la parte de abajo. Y que a Pablo Díaz le habían dado una paliza cuando intentaba regresar a las vías. Y que de verlo casi a diario, nunca más volvió a ver a Pablo Díaz.
Precisamente esas cámaras de TV son las de C5N, y revelan que el testigo tiene deformada la memoria: en todo momento él aparece encabezando la corrida, al lado de González y del propio Favale, y, cuando regresan, se lo ve al lado de Díaz, que luce impecable y sin la mínima señal de haber sido siquiera rozado. No supo explicar lo que le mostraban las imágenes. Tampoco supo responderle al juez Díaz, cuando le preguntó por qué ese día, habiendo tantas mujeres trabajando, ninguna fue al corte. Sólo supo responder, de un modo que a todos resultó sugestivo, "la convocatoria no era para mujeres".
A preguntas hechas por nuestros abogados querellantes sobre si los tercerizados eran o no ferroviarios, contestó dos veces que eran tercerizados, reafirmando la política que el sindicalismo empresario del ferrocarril ha desplegado: antes que compañeros de trabajo o representantes de ellos, los delegados burócratas son soldados de Pedraza, a tal punto que, con este testimonio y esta reafirmación de disciplina contraria a la moral de la clase obrera, reconocen que lo que defendían eran el negocio de la Cooperativa de Pedraza, que consistía en administrar la cuestión de los tercerizados sin expectativas de que ingresen a la planta permanente del ferrocarril.
La memoria de este testigo interrumpió la hasta ahora armóníca relación de todos los defensores. Por haber relatado que al volver de la corrida los patrulleros se habín corrido, el Dr. Mariano Maciel, defensor de uno de los federales, pidió el falso testimonio de Arias, para desesperación del abogado de Pablo Díaz.
Cuando el barco zozobra, las ratas huyen por los tirantes.
La testigo que le guiñó el ojo a Alcorcel.
Verónica Laura Dellanna se presentó como Ejecutiva de la Unión Ferroviaria (lo dijo dos veces) y Secretaria de Acción Social de la seccional Bs.As. Sur. Con su guiño, provocó la sonrisa del imputado y una constancia en actas por esa impropia actitud de alguien que, instantes después, dijo no tener interés en el juicio.
Con Pablo Díaz se veía a diario en su lugar de trabajo en Constitución. Ese día se enteró por él del corte.
Pablo Díaz le comentó que iba para Avellaneda, y lo hizo en una camioneta de la empresa. Luego ella escuchó por radio lo que pasaba, motivo por el cual le envió un mensaje a Díaz para saber si estaba bien. Dijo que se enteró por los medios de todo lo ocurrido. Hay registros de varios contactos telefónicos ese día con el propio Pablo Díaz, pero ella lo relativizó diciendo que sólo era para decirle que no se preocupe, que él no había hecho nada. Lo extraño, finalmente, es que ella tampoco volvió a ver a Pablo Díaz, pese a que mateaban a diario en su común lugar de trabajo.
La funcionaria que responde a Schiavi y Luna.
Graciela Cavazza es una abogada de la Subsecretaría de Transporte Ferroviario, dependiente de la Secretaría de Transporte que por entonces regenteaban el Ingeniero Schiavi y Antonio Luna (ambos procesados por la masacre de Once).
La funcionaria contó que "representaba a la Secretaría en cada reunión del ministerio de Trabajo donde se discutían convenciones de trabajo por el impacto económico que podían tener en la tarifa y en la economía en general". En otras palabras: la secretaría (el estado), la Ugofe (la empresa) y la UF (el sindicato empresario) se cuidaban de que los tercerizados no modificaran las reglas de juego del capital que convierten a los salarios y a las condiciones laborales en su predilecta variable de ajuste.
De los hechos, así como de cualquier responsabilidad en su prevención, despegó en todo momento tirando la pelota hacia sus superiores.
Habló con Fernández todo el tiempo "porque eso se lo ordenaron sus superiores". Recibió la nota del comité de crisis de UGOFE y la derivó "por orden de sus superiores". Ese día 20, "los contactos que hice con la empresa y el gremio me aseguraron que estaban dadas todas las condiciones para operar". El contacto con el gremio fue a través del imputado Fernández con quien mantuvo varias llamadas entre los días 19 y 20... y todas "porque se lo encomendaban los superiores de la Secretaría de Transporte".
Está cada vez más claro que faltan algunos otros imputados en el banquillo de los acusados.
"A los tres días apareció una camioneta Hilux con alguien que nos trajo un remanente, dinero en varios sobres".
Cuando el testigo Jorge Víctor Aguirre, ex-tercerizado traído al juicio por las propias defensas, dijo lo que dijo de la Cooperativa Unión del Mercosur, se hizo un silencio extraño en la sala. Hasta el fiscal se paró en un momento y lo comentó con las querellas. Aguirre acababa de poner en claro cómo la Cooperativa de Pedraza había comprado la voluntad de los tercerizados del obrador de Alejandro Korn dónde él trabajaba, para que no se sumaran al reclamo del resto de los tercerizados.
Aguirre contó que, en diciembre de 2009, entró a la Cooperativa por el enjuague de un concejal peronista de Alte. Brown (para quien "trabajaba políticamente") y el segundo de Pedraza, el Gallego Fernández. Que "fue entrevistado por Cabrol de Mercosur, quien rápidamente le dijo que no se haga ninguna ilusión de pasar a planta permanente, habiendo firmado un papel que reseñaba su condición de monotributista". Dijo que no quería saber nada de sindicalismo ni de reclamos y que lo único que él quería era cuidar su trabajo. No obstante, cerca del mes de mayo de 2010 empezó a escuchar fuertes reclamos de tercerizados "para dejar de estar como animales". Pero fue a los 7 meses de ingresado en que sus propios compañeros lo eligieron como "cabeza de cuadrilla", una definición que no pudo explicar pero que debe sumarse al conocimiento directo y estrecho que tenía con Pablo Díaz, entre otras cosas porque ese "título y función" era como brazo ejecutor de otras tareas del mismísimo Díaz en ese taller del sur. "Pablo me pedía que lo tuviera al tanto de lo que ocurría en mi sector" .
Corría el mes de julio, curiosamente el mismo del primer gran corte de vías del año efectuado por los tercerizados del Roca y que ya preocupaba a Pedraza, a Fernández y a su tropa. Fue en esos mismos días y después que presuntamente él personalmente gestionara el reclamo, que "apareció una camioneta Hilux con una persona de pelo largo y 17 sobres con dinero, que repartió en su taller de la zona ferroviaria de Gutiérrez, diciendo que eran los remanentes de las utilidades de la cooperativa que no se repartieron en los últimos tres años. Dinero, todo, para sus compañeros, que a él le juntaron un poco y le dieron en reconocimiento".
El testigo de "la defensa" el mismo que no quería saber nada de gestión sindical, puso en claro alguno de los aspectos claves del plan criminal que condujo a la muerte de Mariano: cooptación, compra de voluntades, apariencia de legitimidad gremial... todo servía para aleccionar a los tercerizados. Y si se necesitaba, proveer a la impunidad en caso de tener que explicar conductas en sede judicial.
"Acto de presencia era impedir que se llegue a otro corte de vías."
Marcelo Suárez, otro ferroviario que integró la patota armada en parte en los Talleres de Escalada, delegado convocado por Pablo Díaz "para hacer acto de presencia, es decir, impedir que se llegue a otro corte de vías", dice haber visto muy poco y estar lejos de los hechos, pero misteriosamente recibió un tuercazo en el pecho. "Cuando empezó la corrida , era un griterío, algunos gritaban ¡¡¡Vamos!!!" yo estaba abajo del Puente Bosch tomando gaseosa, apenas hice 20 0 30 metros y volví a subir a las vías. (...) No escuché disparos ni comentarios sobre ellos. Desconozco si alguno dio la orden de ir a correrlos. Cuando estábamos en las vías vi bajar a un grupo al grito de "ferroviarios" pero no conocía a nadie".
Vale recordar que Suárez es el pelado de torso desnudo que rodea a Pablo Díaz cuando vuelven por las vías a la estación de Avellaneda y que, como otros, (por caso Amuchástegui y Carnovale) debió estar sentado en el juicio al lado de su jefe.
Juez: "Si Ud. se asusta, si Ud. no quiere la violencia, ¿para qué corrió para adelante?"
Testigo: "Me hago la misma pregunta...".
El testigo es Mariano Víctor Marocco, de los Talleres de Escalada, otro que fue al "acto de presencia" con el propio hijo de Pablo Díaz. Llegó a decir que "los tercerizados atacaron primero con un grupo de mujeres y chicos para después abrirse y aparecieron tres cordones de seguridad con palos y caras tapadas". En su patético e hilarante relato, dijo que estuvo a 10 metros de la gente, para disuadir. Fue tan increíble, que provocó la pregunta del juez. Lo único cierto que dijo, convencido de que quien corre 300 metros para buscar a los que se van, lo hace para disuadir y por eso debe contar con el respaldo policial, fue que "los patrulleros nos protegieron, se abrieron a la ida y después se cerraron".
"Cuando volvíamos en el auto con el imputado Uño y otro compañero, me llamaron mi mamá y mi señora para contarme lo que decían los medios, pero no hablamos nada entre nosotros"
Jorge Eduardo DOTTA es un guardabarrera de Claypole, uno más de la patota ferroviaria del cuerpo de delegados que responde a Pablo Díaz. Dijo que ese día iba para Constitución y que en la estación de Rafael Calzada se enteró del corte. Llamó a Amarilla, un compañero que venía en auto junto al imputado Uño y con ellos llegó a Avellaneda. Caminó por las vías, escuchó el griterío al tiempo de la corrida mortal pero él hizo media cuadra y se volvió. El grito era "¡¡¡Vamos vamos que los corremos!!!, ahí abajo del puente estaba Pablo Díaz", a quien vivía llamándolo. Las escuchas telefónicas dan cuenta de las que tuvo ese mismo día antes, durante y después del crímen. Por eso sorprendió que, volviendo con sus dos compañeros en el mismo auto que lo llevó y ante la gravedad de la información recibida, no hayan comentado nada entre ellos.
¿Algo más que un silencio cómplice se guardaba en ese auto?
"Muchachos no hagan quilombo y pórtense bien."
Jorge Krakovsky es hoy jubilado ferroviario de los Talleres de Escalada. El 20 de octubre de 2010 dice que escuchó comentarios que tenían que ir para evitar un corte de vías antes de las 10.00. "Nos retiramos unos cien hasta Avellaneda. Había mujeres que le deban el pecho a criaturas y que cuando nos ven llegar se retiran y caminan por una calle lateral y palabra va palabra viene, insultos van insultos vienen, veo un incidente antes del Puente Bosch. Yo grité "Ferroviarios Carajo", porque cada vez que había un corte de vías se paralizaba el servicio y nuestros compañeros eran agredidos por los usuarios, por eso fuimos. Esta gente, los tercerizados no hacen tareas ferroviarias, no son ferroviarios.
De pronto de la estación Yrigoyen baja un grupito que no eran ferroviarios y bajan debajo del puente y empiezan a correr a esta gente. Yo estaba arriba del puentecito. Siempre estuve allí. Divisé a uno con gomeras. No escuché disparos, sí muchos gritos."
Párrafo aparte para su "defensa" de Pablo Díaz: como un abuelito que recomienda tomar la sopa, dijo que ese día sólo le escuchó decir "Muchachos no hagan quilombo y pórtense bien" provocando la pregunta del Tribunal respecto a porqué dijo Díaz eso: "Porque él es un 'delegado superior', un referente nuestro, lo que él decía, conducía". Entonces contó que también estuvo en Ríver con Favale, a quien también vio en Constitución en los incidentes de Plaza Constitución, en las mismas ocasiones en que estaba Pablo Díaz . Cuando contó los episodios del corte de boletería en Constitución, no supo explicar por qué fue, si ahí los usuarios no se ven afectados, por el contrario, se benefician porque viajan sin pagar.
De dudosa moral para decir que "de haber sabido que se iba a matar a alguien no hubiera ido, estaba a seis meses de jubilarme" finalmente y a preguntas del Tribunal debió reconocer que cuando empieza la corrida mortal: "lo que vi desde arriba del puentecito, es que esta gente, la del PO, se iba retirando... retirando" (reafirmando, como quien confiesa, arrepentido).
La jornada terminó con la histeria del abogado defensor de Fernández, el "prestigioso profesor" Dr. Freeland, con un remanido planteo de una presunta desigualdad de trato entre las querellas y la defensa, que todos entendimos como una maniobra destinada a relativizar los efectos de la enorme derrota judicial sufrida en la fecha. Fueron todos testigos de las defensas...
Ricardo Ernesto Arias es un ferroviario que integró en forma activa la patota que atacó a los tercerizados. Del grupo de delegados que responden a la burocracia sindical, en los Talleres de Escalada, contó que fue y convocó a impedir el corte para demostrarle a los usuarios que ellos no eran los que cortaban. Dijo, además, que, junto a funcionarios de la empresa como un tal Walter de RRHH y el jefe de transportes Hourcade, le dieron al resto de sus compañeros "garantias de que no iba a pasar nada".
La versión de los hechos, inocultablemente armada, intentó poner a su grupo en víctima. Pero lo inverosimil afloró en todo momento. Si los tercerizados iban por la calle lateral y ellos arriba de las vías sobre un terraplén muy alto, no se explica como los primeros van a ser los que agreden desafiando a la lógica y a la física: tirar cosas desde abajo hacia arriba, en un lugar encajonado y sin salida, para comenzar una agresión, resulta poco menos que suicida. Sobremanera si los de arriba tienen el dominio de la situación en todo momento, a punto que el grupito minúsculo que intentó subir a las vías fue rápidamente bajado, permitiendo que el propio testigo, que según su relato venía atrás, llegara a ver cómo, abajo, lo dispersaba la policía con una cortina de gases.
Dice que varios compañeros suyos salieron heridos en brazos y pecho por tuercazos, pero nadie se reportó como herido.
Dijo que "la otra gente", se fue a 300 metros del lugar y que ellos se quedaron en las vías porque temían que volvieran.
Dijo que bajaron"para comer" y que de pronto vio una corrida, dejó su sandwich y su gaseosa y salió tras sus compañeros, ignorando por qué corrían. Que pasó a los móviles policiales, que al principio se encontraban casi enfrentados y que después se corrieron. Que corrió cerca de 150 metros y entonces vio a la gente del PO con la cara tapada, gorritas y palos grandes. Llegó a Chevallier y ahí escuchó 5 o 6 tiros, que para él eran pirotecnia. Entonces volvieron para las vías. Dijo que no vio armas, que no vio a Favale ni ahí ni en las vías, que a González lo vio en las vías y que vio cámaras de TV en la parte de abajo. Y que a Pablo Díaz le habían dado una paliza cuando intentaba regresar a las vías. Y que de verlo casi a diario, nunca más volvió a ver a Pablo Díaz.
Precisamente esas cámaras de TV son las de C5N, y revelan que el testigo tiene deformada la memoria: en todo momento él aparece encabezando la corrida, al lado de González y del propio Favale, y, cuando regresan, se lo ve al lado de Díaz, que luce impecable y sin la mínima señal de haber sido siquiera rozado. No supo explicar lo que le mostraban las imágenes. Tampoco supo responderle al juez Díaz, cuando le preguntó por qué ese día, habiendo tantas mujeres trabajando, ninguna fue al corte. Sólo supo responder, de un modo que a todos resultó sugestivo, "la convocatoria no era para mujeres".
A preguntas hechas por nuestros abogados querellantes sobre si los tercerizados eran o no ferroviarios, contestó dos veces que eran tercerizados, reafirmando la política que el sindicalismo empresario del ferrocarril ha desplegado: antes que compañeros de trabajo o representantes de ellos, los delegados burócratas son soldados de Pedraza, a tal punto que, con este testimonio y esta reafirmación de disciplina contraria a la moral de la clase obrera, reconocen que lo que defendían eran el negocio de la Cooperativa de Pedraza, que consistía en administrar la cuestión de los tercerizados sin expectativas de que ingresen a la planta permanente del ferrocarril.
La memoria de este testigo interrumpió la hasta ahora armóníca relación de todos los defensores. Por haber relatado que al volver de la corrida los patrulleros se habín corrido, el Dr. Mariano Maciel, defensor de uno de los federales, pidió el falso testimonio de Arias, para desesperación del abogado de Pablo Díaz.
Cuando el barco zozobra, las ratas huyen por los tirantes.
La testigo que le guiñó el ojo a Alcorcel.
Verónica Laura Dellanna se presentó como Ejecutiva de la Unión Ferroviaria (lo dijo dos veces) y Secretaria de Acción Social de la seccional Bs.As. Sur. Con su guiño, provocó la sonrisa del imputado y una constancia en actas por esa impropia actitud de alguien que, instantes después, dijo no tener interés en el juicio.
Con Pablo Díaz se veía a diario en su lugar de trabajo en Constitución. Ese día se enteró por él del corte.
Pablo Díaz le comentó que iba para Avellaneda, y lo hizo en una camioneta de la empresa. Luego ella escuchó por radio lo que pasaba, motivo por el cual le envió un mensaje a Díaz para saber si estaba bien. Dijo que se enteró por los medios de todo lo ocurrido. Hay registros de varios contactos telefónicos ese día con el propio Pablo Díaz, pero ella lo relativizó diciendo que sólo era para decirle que no se preocupe, que él no había hecho nada. Lo extraño, finalmente, es que ella tampoco volvió a ver a Pablo Díaz, pese a que mateaban a diario en su común lugar de trabajo.
La funcionaria que responde a Schiavi y Luna.
Graciela Cavazza es una abogada de la Subsecretaría de Transporte Ferroviario, dependiente de la Secretaría de Transporte que por entonces regenteaban el Ingeniero Schiavi y Antonio Luna (ambos procesados por la masacre de Once).
La funcionaria contó que "representaba a la Secretaría en cada reunión del ministerio de Trabajo donde se discutían convenciones de trabajo por el impacto económico que podían tener en la tarifa y en la economía en general". En otras palabras: la secretaría (el estado), la Ugofe (la empresa) y la UF (el sindicato empresario) se cuidaban de que los tercerizados no modificaran las reglas de juego del capital que convierten a los salarios y a las condiciones laborales en su predilecta variable de ajuste.
De los hechos, así como de cualquier responsabilidad en su prevención, despegó en todo momento tirando la pelota hacia sus superiores.
Habló con Fernández todo el tiempo "porque eso se lo ordenaron sus superiores". Recibió la nota del comité de crisis de UGOFE y la derivó "por orden de sus superiores". Ese día 20, "los contactos que hice con la empresa y el gremio me aseguraron que estaban dadas todas las condiciones para operar". El contacto con el gremio fue a través del imputado Fernández con quien mantuvo varias llamadas entre los días 19 y 20... y todas "porque se lo encomendaban los superiores de la Secretaría de Transporte".
Está cada vez más claro que faltan algunos otros imputados en el banquillo de los acusados.
"A los tres días apareció una camioneta Hilux con alguien que nos trajo un remanente, dinero en varios sobres".
Cuando el testigo Jorge Víctor Aguirre, ex-tercerizado traído al juicio por las propias defensas, dijo lo que dijo de la Cooperativa Unión del Mercosur, se hizo un silencio extraño en la sala. Hasta el fiscal se paró en un momento y lo comentó con las querellas. Aguirre acababa de poner en claro cómo la Cooperativa de Pedraza había comprado la voluntad de los tercerizados del obrador de Alejandro Korn dónde él trabajaba, para que no se sumaran al reclamo del resto de los tercerizados.
Aguirre contó que, en diciembre de 2009, entró a la Cooperativa por el enjuague de un concejal peronista de Alte. Brown (para quien "trabajaba políticamente") y el segundo de Pedraza, el Gallego Fernández. Que "fue entrevistado por Cabrol de Mercosur, quien rápidamente le dijo que no se haga ninguna ilusión de pasar a planta permanente, habiendo firmado un papel que reseñaba su condición de monotributista". Dijo que no quería saber nada de sindicalismo ni de reclamos y que lo único que él quería era cuidar su trabajo. No obstante, cerca del mes de mayo de 2010 empezó a escuchar fuertes reclamos de tercerizados "para dejar de estar como animales". Pero fue a los 7 meses de ingresado en que sus propios compañeros lo eligieron como "cabeza de cuadrilla", una definición que no pudo explicar pero que debe sumarse al conocimiento directo y estrecho que tenía con Pablo Díaz, entre otras cosas porque ese "título y función" era como brazo ejecutor de otras tareas del mismísimo Díaz en ese taller del sur. "Pablo me pedía que lo tuviera al tanto de lo que ocurría en mi sector" .
Corría el mes de julio, curiosamente el mismo del primer gran corte de vías del año efectuado por los tercerizados del Roca y que ya preocupaba a Pedraza, a Fernández y a su tropa. Fue en esos mismos días y después que presuntamente él personalmente gestionara el reclamo, que "apareció una camioneta Hilux con una persona de pelo largo y 17 sobres con dinero, que repartió en su taller de la zona ferroviaria de Gutiérrez, diciendo que eran los remanentes de las utilidades de la cooperativa que no se repartieron en los últimos tres años. Dinero, todo, para sus compañeros, que a él le juntaron un poco y le dieron en reconocimiento".
El testigo de "la defensa" el mismo que no quería saber nada de gestión sindical, puso en claro alguno de los aspectos claves del plan criminal que condujo a la muerte de Mariano: cooptación, compra de voluntades, apariencia de legitimidad gremial... todo servía para aleccionar a los tercerizados. Y si se necesitaba, proveer a la impunidad en caso de tener que explicar conductas en sede judicial.
"Acto de presencia era impedir que se llegue a otro corte de vías."
Marcelo Suárez, otro ferroviario que integró la patota armada en parte en los Talleres de Escalada, delegado convocado por Pablo Díaz "para hacer acto de presencia, es decir, impedir que se llegue a otro corte de vías", dice haber visto muy poco y estar lejos de los hechos, pero misteriosamente recibió un tuercazo en el pecho. "Cuando empezó la corrida , era un griterío, algunos gritaban ¡¡¡Vamos!!!" yo estaba abajo del Puente Bosch tomando gaseosa, apenas hice 20 0 30 metros y volví a subir a las vías. (...) No escuché disparos ni comentarios sobre ellos. Desconozco si alguno dio la orden de ir a correrlos. Cuando estábamos en las vías vi bajar a un grupo al grito de "ferroviarios" pero no conocía a nadie".
Vale recordar que Suárez es el pelado de torso desnudo que rodea a Pablo Díaz cuando vuelven por las vías a la estación de Avellaneda y que, como otros, (por caso Amuchástegui y Carnovale) debió estar sentado en el juicio al lado de su jefe.
Juez: "Si Ud. se asusta, si Ud. no quiere la violencia, ¿para qué corrió para adelante?"
Testigo: "Me hago la misma pregunta...".
El testigo es Mariano Víctor Marocco, de los Talleres de Escalada, otro que fue al "acto de presencia" con el propio hijo de Pablo Díaz. Llegó a decir que "los tercerizados atacaron primero con un grupo de mujeres y chicos para después abrirse y aparecieron tres cordones de seguridad con palos y caras tapadas". En su patético e hilarante relato, dijo que estuvo a 10 metros de la gente, para disuadir. Fue tan increíble, que provocó la pregunta del juez. Lo único cierto que dijo, convencido de que quien corre 300 metros para buscar a los que se van, lo hace para disuadir y por eso debe contar con el respaldo policial, fue que "los patrulleros nos protegieron, se abrieron a la ida y después se cerraron".
"Cuando volvíamos en el auto con el imputado Uño y otro compañero, me llamaron mi mamá y mi señora para contarme lo que decían los medios, pero no hablamos nada entre nosotros"
Jorge Eduardo DOTTA es un guardabarrera de Claypole, uno más de la patota ferroviaria del cuerpo de delegados que responde a Pablo Díaz. Dijo que ese día iba para Constitución y que en la estación de Rafael Calzada se enteró del corte. Llamó a Amarilla, un compañero que venía en auto junto al imputado Uño y con ellos llegó a Avellaneda. Caminó por las vías, escuchó el griterío al tiempo de la corrida mortal pero él hizo media cuadra y se volvió. El grito era "¡¡¡Vamos vamos que los corremos!!!, ahí abajo del puente estaba Pablo Díaz", a quien vivía llamándolo. Las escuchas telefónicas dan cuenta de las que tuvo ese mismo día antes, durante y después del crímen. Por eso sorprendió que, volviendo con sus dos compañeros en el mismo auto que lo llevó y ante la gravedad de la información recibida, no hayan comentado nada entre ellos.
¿Algo más que un silencio cómplice se guardaba en ese auto?
"Muchachos no hagan quilombo y pórtense bien."
Jorge Krakovsky es hoy jubilado ferroviario de los Talleres de Escalada. El 20 de octubre de 2010 dice que escuchó comentarios que tenían que ir para evitar un corte de vías antes de las 10.00. "Nos retiramos unos cien hasta Avellaneda. Había mujeres que le deban el pecho a criaturas y que cuando nos ven llegar se retiran y caminan por una calle lateral y palabra va palabra viene, insultos van insultos vienen, veo un incidente antes del Puente Bosch. Yo grité "Ferroviarios Carajo", porque cada vez que había un corte de vías se paralizaba el servicio y nuestros compañeros eran agredidos por los usuarios, por eso fuimos. Esta gente, los tercerizados no hacen tareas ferroviarias, no son ferroviarios.
De pronto de la estación Yrigoyen baja un grupito que no eran ferroviarios y bajan debajo del puente y empiezan a correr a esta gente. Yo estaba arriba del puentecito. Siempre estuve allí. Divisé a uno con gomeras. No escuché disparos, sí muchos gritos."
Párrafo aparte para su "defensa" de Pablo Díaz: como un abuelito que recomienda tomar la sopa, dijo que ese día sólo le escuchó decir "Muchachos no hagan quilombo y pórtense bien" provocando la pregunta del Tribunal respecto a porqué dijo Díaz eso: "Porque él es un 'delegado superior', un referente nuestro, lo que él decía, conducía". Entonces contó que también estuvo en Ríver con Favale, a quien también vio en Constitución en los incidentes de Plaza Constitución, en las mismas ocasiones en que estaba Pablo Díaz . Cuando contó los episodios del corte de boletería en Constitución, no supo explicar por qué fue, si ahí los usuarios no se ven afectados, por el contrario, se benefician porque viajan sin pagar.
De dudosa moral para decir que "de haber sabido que se iba a matar a alguien no hubiera ido, estaba a seis meses de jubilarme" finalmente y a preguntas del Tribunal debió reconocer que cuando empieza la corrida mortal: "lo que vi desde arriba del puentecito, es que esta gente, la del PO, se iba retirando... retirando" (reafirmando, como quien confiesa, arrepentido).
La jornada terminó con la histeria del abogado defensor de Fernández, el "prestigioso profesor" Dr. Freeland, con un remanido planteo de una presunta desigualdad de trato entre las querellas y la defensa, que todos entendimos como una maniobra destinada a relativizar los efectos de la enorme derrota judicial sufrida en la fecha. Fueron todos testigos de las defensas...
martes, 30 de octubre de 2012
Día 34 - Cuatro tristes patoteros y un firme candidato a la reja (30/10)
Pasado el temporal, sigue el mal pronóstico para las defensas, a pesar que la jornada estuvo dedicada a sus propios testigos, que llegaron con cara de susto, pero dispuestos a decir lo que se les indicó que debían declarar para tratar de mejorar la situación de sus jefes y camaradas.
El primero fue Ricardo Julio Del’Orto, que trabaja en los talleres de Remedios de escalada, que de entrada, reconoció que conoce a casi todos los imputados de la Lista Verde, Alcorcel, Díaz, Uño, Pipitó, Fernández, González, Pedraza, Pérez y Sánchez, pues son sus compañeros. Relató que el 20 de octubre de 2010 llegó a su trabajo como siempre, antes de las 6:30, y un rato después los delegados de la Lista Verde le avisaron que “iban a hacer un acto de presencia en Avellaneda para impedir un corte de vías”.
Allí, vio la manifestación que iba por la calle, “eran menos que nosotros”, que cantaban, iban con banderas, tocaban bombos, y estaban “en la suya, no nos gritaban ni se metían nada con nosotros”. Recordó que uno o dos policías subieron al terraplén y preguntaron quién estaba a cargo de la gente. “Alguien contestó que era Pablo Díaz, que bajó a hablar con la policía. Escuché que los policías decían que no querían kilombo, que hicieran lo que tenían que hacer sin líos”. A la altura del Riachuelo vio que unos pocos quisieron subir a las vías y hubo un intercambio de pedradas, hasta que “los otros” se alejaron unos doscientos metros o más y se quedaron en una esquina.
Llegado el momento de explicar por qué habían bajado del terraplén, Del’Orto habló del calor, y de unos “muchachos que llegaron de Yrigoyen caminando por las vías, que no parecían ferroviarios, pero venían cantando consignas a favor nuestro”. Luego, dijo, alguien gritó “Bajen, bajen, los vamos a sacar” y muchos –también el testigo- corrieron hacia los lejanos manifestantes que habían abierto sus banderas. Dijo que de pronto escuchó disparos y retrocedió, para volver corriendo a las vías.
Cuando la fiscalía y las querellas empezaron a interrogar, saltaron las incongruencias. “Se sobreentiende que si salimos por el gremio estamos liberados, ellos piden autorización para sacar a la gente”, aseguró, y crucificó a los policías imputados: “En la estación había policías federales, y arriba del andén 5 o 6 policías uniformados y un par de camisa o saco y corbata. Debajo de la vía en el puente, al lado de la rotonda, había un carro de asalto. La policía no hizo nada”. También explicó la “democracia” de la burocracia: “Los delegados te dicen vamos para acá, vamos para allá”.
Y terminó reconociendo que, al día siguiente en los talleres había “silencio y miedo porque nadie sabía cómo era la cosa”.
En similar línea, declaró luego Juan Alberto Brandán, que también reconoció a Díaz, Fernández, Alcorcel y González como “compañeros de trabajo”. Como señalero su tarea era caminar las vías, por eso cuando escuchó por radio de la empresa que había “gente en las vías”, fue a ver qué pasaba. Se encontró con sus “conocidos”, y llegó con ellos hasta el puente Bosch. Los de “abajo” iban “con chicos, sacando fotos, filmando, cantando”.
De nuevo, trató de justificar la bajada del terraplén para “buscar sombra”, y, como el anterior, trató de instalar una nueva historia. “Levantaron las banderas y venían hacia nosotros”, quiso justificar contra toda evidencia, contra lo que los videos muestran con claridad.
El tercero fue Ricardo Damián Almada, que hace 5 años trabaja en los talleres de Escalada. “Dijeron que iban a cortar las vías, y que íbamos … que el que quería ir a manifestarse en contra podía ir”, arrancó. ¿Quiénes dijeron?, le preguntamos, “Era vox populi”, trató de arreglarla.
Llegado al puente, contó que los manifestantes "retrocedieron como tres o cuatro cuadras”, y volvió con el cuento de que ellos bajaron a la calle “por el calor”. “Los otros se estaban unificando eran más y se venían acercando como para el lado de las vías, entonces unos compañeros dicen ‘vamos a sacarlos’ y salen corriendo, yo me quedé arriba de la vía”. Con cierta misericordia, lo dejamos ir sin más preguntas.
En cuarto lugar llegó el plato fuerte, Aldo Amuchástegui, supervisor de los talleres de Escalada, y ahora delegado y miembro comisión de reclamos de la UF. Reconoció que a eso de las 9:00 se comunicó con Pablo Díaz, que le contó que había que impedir un corte de los tercerizados y partidos de izquierda, y el soldado de la Verde respondió: “Si hay que ir para allá, yo voy. No era nada de otro mundo, si hay que salir a un acto, a un asado, a un acto del gobierno, yo voy.”
Así, dijo, consultó como siempre con la empresa, y en un rato juntó unos “cien muchachos” que se anotaron en la lista para ir a la “invitación”. En su esfuerzo por ayudar a sus co-equipers detenidos, no se dio cuenta que mandó a los policías imputados con pitos y cadenas. “Nosotros no agredimos para nada”, contradijo lo que se ve con tanta claridad en los videos. De nuevo, el cuentito del calor y la búsqueda de sombra para explicar por qué bajaron del terraplén, y una excusa absurda para justificar el ataque: “Venían para adelante, para donde estábamos nosotros, nos tiraban piedras”, dio, pero después no pudo mostrar esa escena en el video de C5N, que muestra sin interrupción la bajad y la corrida, cuando los compañeros, a más de 300 metros, se iban hacia la avenida Vélez Sársfield. “Los periodistas eran mala onda, después vi por TV que no mostraron nada”, quiso argumentar, mientras se disfrazaba de víctima y hablaba de que tenía miedo, -cagazo, dijo- mientras el vídeo periodístico lo muestra avanzando a paso firme al lado del imputado Pérez, que ostensiblemente manipula algo que oculta en su cintura.
Confrontado con los vídeos terminó diciendo que no vio avanzar a los manifestantes, sino “moverse”, y, aunque negó cualquier conversación posterior con los imputados por teléfono, bastó un breve fragmento de una que sostuvo con el “Gallego” Fernández, recibiendo instrucciones de cómo declarar, para que el mismo se preguntara: “¿Yo dije todo eso?”.
Dijo que no conocía a Favale, pero lo reconoció del acto kirchnerista en River (donde había miles y miles de personas) y de la movida para confrontar con una movilización de tercerizados en el hall de Constitución unos meses antes...
Y terminó la fructífera jornada con Carlos Alberto Carrazana, que llevó a Pablo Díaz a Avellaneda en la camioneta que usa para su trabajo en el ferrocarril a las 10:30 u 11 de la mañana, y sólo aportó que “había policía como siempre hay en las estaciones, pero un poco más de lo normal”.
Con testigos así... ¡no se defiendan más, muchachos!
El primero fue Ricardo Julio Del’Orto, que trabaja en los talleres de Remedios de escalada, que de entrada, reconoció que conoce a casi todos los imputados de la Lista Verde, Alcorcel, Díaz, Uño, Pipitó, Fernández, González, Pedraza, Pérez y Sánchez, pues son sus compañeros. Relató que el 20 de octubre de 2010 llegó a su trabajo como siempre, antes de las 6:30, y un rato después los delegados de la Lista Verde le avisaron que “iban a hacer un acto de presencia en Avellaneda para impedir un corte de vías”.
Allí, vio la manifestación que iba por la calle, “eran menos que nosotros”, que cantaban, iban con banderas, tocaban bombos, y estaban “en la suya, no nos gritaban ni se metían nada con nosotros”. Recordó que uno o dos policías subieron al terraplén y preguntaron quién estaba a cargo de la gente. “Alguien contestó que era Pablo Díaz, que bajó a hablar con la policía. Escuché que los policías decían que no querían kilombo, que hicieran lo que tenían que hacer sin líos”. A la altura del Riachuelo vio que unos pocos quisieron subir a las vías y hubo un intercambio de pedradas, hasta que “los otros” se alejaron unos doscientos metros o más y se quedaron en una esquina.
Llegado el momento de explicar por qué habían bajado del terraplén, Del’Orto habló del calor, y de unos “muchachos que llegaron de Yrigoyen caminando por las vías, que no parecían ferroviarios, pero venían cantando consignas a favor nuestro”. Luego, dijo, alguien gritó “Bajen, bajen, los vamos a sacar” y muchos –también el testigo- corrieron hacia los lejanos manifestantes que habían abierto sus banderas. Dijo que de pronto escuchó disparos y retrocedió, para volver corriendo a las vías.
Cuando la fiscalía y las querellas empezaron a interrogar, saltaron las incongruencias. “Se sobreentiende que si salimos por el gremio estamos liberados, ellos piden autorización para sacar a la gente”, aseguró, y crucificó a los policías imputados: “En la estación había policías federales, y arriba del andén 5 o 6 policías uniformados y un par de camisa o saco y corbata. Debajo de la vía en el puente, al lado de la rotonda, había un carro de asalto. La policía no hizo nada”. También explicó la “democracia” de la burocracia: “Los delegados te dicen vamos para acá, vamos para allá”.
Y terminó reconociendo que, al día siguiente en los talleres había “silencio y miedo porque nadie sabía cómo era la cosa”.
En similar línea, declaró luego Juan Alberto Brandán, que también reconoció a Díaz, Fernández, Alcorcel y González como “compañeros de trabajo”. Como señalero su tarea era caminar las vías, por eso cuando escuchó por radio de la empresa que había “gente en las vías”, fue a ver qué pasaba. Se encontró con sus “conocidos”, y llegó con ellos hasta el puente Bosch. Los de “abajo” iban “con chicos, sacando fotos, filmando, cantando”.
De nuevo, trató de justificar la bajada del terraplén para “buscar sombra”, y, como el anterior, trató de instalar una nueva historia. “Levantaron las banderas y venían hacia nosotros”, quiso justificar contra toda evidencia, contra lo que los videos muestran con claridad.
El tercero fue Ricardo Damián Almada, que hace 5 años trabaja en los talleres de Escalada. “Dijeron que iban a cortar las vías, y que íbamos … que el que quería ir a manifestarse en contra podía ir”, arrancó. ¿Quiénes dijeron?, le preguntamos, “Era vox populi”, trató de arreglarla.
Llegado al puente, contó que los manifestantes "retrocedieron como tres o cuatro cuadras”, y volvió con el cuento de que ellos bajaron a la calle “por el calor”. “Los otros se estaban unificando eran más y se venían acercando como para el lado de las vías, entonces unos compañeros dicen ‘vamos a sacarlos’ y salen corriendo, yo me quedé arriba de la vía”. Con cierta misericordia, lo dejamos ir sin más preguntas.
En cuarto lugar llegó el plato fuerte, Aldo Amuchástegui, supervisor de los talleres de Escalada, y ahora delegado y miembro comisión de reclamos de la UF. Reconoció que a eso de las 9:00 se comunicó con Pablo Díaz, que le contó que había que impedir un corte de los tercerizados y partidos de izquierda, y el soldado de la Verde respondió: “Si hay que ir para allá, yo voy. No era nada de otro mundo, si hay que salir a un acto, a un asado, a un acto del gobierno, yo voy.”
Así, dijo, consultó como siempre con la empresa, y en un rato juntó unos “cien muchachos” que se anotaron en la lista para ir a la “invitación”. En su esfuerzo por ayudar a sus co-equipers detenidos, no se dio cuenta que mandó a los policías imputados con pitos y cadenas. “Nosotros no agredimos para nada”, contradijo lo que se ve con tanta claridad en los videos. De nuevo, el cuentito del calor y la búsqueda de sombra para explicar por qué bajaron del terraplén, y una excusa absurda para justificar el ataque: “Venían para adelante, para donde estábamos nosotros, nos tiraban piedras”, dio, pero después no pudo mostrar esa escena en el video de C5N, que muestra sin interrupción la bajad y la corrida, cuando los compañeros, a más de 300 metros, se iban hacia la avenida Vélez Sársfield. “Los periodistas eran mala onda, después vi por TV que no mostraron nada”, quiso argumentar, mientras se disfrazaba de víctima y hablaba de que tenía miedo, -cagazo, dijo- mientras el vídeo periodístico lo muestra avanzando a paso firme al lado del imputado Pérez, que ostensiblemente manipula algo que oculta en su cintura.
Confrontado con los vídeos terminó diciendo que no vio avanzar a los manifestantes, sino “moverse”, y, aunque negó cualquier conversación posterior con los imputados por teléfono, bastó un breve fragmento de una que sostuvo con el “Gallego” Fernández, recibiendo instrucciones de cómo declarar, para que el mismo se preguntara: “¿Yo dije todo eso?”.
Dijo que no conocía a Favale, pero lo reconoció del acto kirchnerista en River (donde había miles y miles de personas) y de la movida para confrontar con una movilización de tercerizados en el hall de Constitución unos meses antes...
Y terminó la fructífera jornada con Carlos Alberto Carrazana, que llevó a Pablo Díaz a Avellaneda en la camioneta que usa para su trabajo en el ferrocarril a las 10:30 u 11 de la mañana, y sólo aportó que “había policía como siempre hay en las estaciones, pero un poco más de lo normal”.
Con testigos así... ¡no se defiendan más, muchachos!
lunes, 29 de octubre de 2012
Día 33 - Sobre llovido, mojado (y siguen perdiendo) (29/10)
La jornada de hoy comenzó tarde, por la lluvia, y terminó temprano, pero por otro tipo de problemas meteorológicos: las estrategias de las defensas hacen agua y ya casi no se mantienen a flote.
El primer testigo, Marcelo Fabián Sanabria, que trabajó para la línea Roca a través de la empresa tercerizadora Ecocred. fue aportado por las defensas de Pablo Díaz y Daniel González con la intención de probar que había tercerizados que simpatizaban con la Unión Ferroviaria y que desconfiaban de los que, organizados en forma independiente, denunciaban el negocio de la burocracia a la par de las empresas, al amparo del tercer socio, el gobierno. El muchacho arrancó "bien", de acuerdo a lo esperado por sus convocantes, contando que lo echaron en abril de 2010, que le llevó un curriculum a Pablo Díaz, para ver si lo podía hacer entrar a planta permanente en el ferrocarril, y que éste le dijo "Yo no tengo nada que ver con los ingresos, lo voy a elevar pero no depende de mí". El abogado Freeland quiso ir más lejos, y le preguntó si otros tercerizados alguna vez lo invitaron a participar de marchas. Lejos de acusar a los compañeros de apretarlo, amenazarlo o coaccionarlo, Sanabria dijo que le habían dado volantes y folletos convocando a las reuniones, pero que él había preferido no ir, y, desde luego, jamás eso le produjo un problema con los compañeros.
Cuando comenzó la ronda de repreguntas de las querellas, resultó que lo echaron de Ecocred por haber ido a una reunión en el sindicato de maestranza para organizar un reclamo porque los obligaban a realizar tareas diferentes de las de limpieza por las que les pagaban, y que, estando despedido, Pablo Díaz le prestó plata que hasta el día de hoy no le devolvió.
Irónicamente, Sanabria hoy es empleado de planta permanente, porque fue incluido en los listados de incorporados de enero de 2011, como resultado directo de la conmoción producida por el asesinato de Mariano.
Luego estaba previsto que declararan el "Tano" Carnovale y Aldo Amuchástegui, dos hombres fuertes de la Lista Verde que sólo los jueces y fiscales saben por qué no están presos con sus camaradas. Carnovale fue uno de los probados reclutadores del 20 de octubre, como lo declararon ya varios integrantes de la patota (Claudio Díaz, Benítez, el detenido "Payaso" Sánchez) y a Amuchástegui se lo ve clarito en fotos y videos, tan acalorado tras la corrida por la calle Luján que exhibe su torso desnudo. Hubo acuerdo unánime entre los defensores que lo habían ofrecido en desistir del testimonio del “Tano”, a pesar que estaba presente, así que por secretaría le dieron las gracias, y se fue lo más rápido que pudo. Respecto de Amuchástegui, que también estaba en el edificio, la Dra. Florencia Hegglin, defensora de Favale, planteó que su pupilo quería estar presente cuando declarara. El servicio penitenciario informó que debido a la lluvia el camión de la unidad penal donde está el barra brava no pudo salir, así que lo escucharemos, si no lo desisten, mañana.
'Un minuto de silencio para el zurdo que está muerto'
Finalmente, se presentó a declarar Germán Ernesto Sandri, trabajador ferroviario desde hace 18 años, militante de la agrupación Causa Ferroviaria. Contó que el 20 de octubre de 2010 fue a trabajar normalmente en los talleres de Remedios de Escalada, pero resultó un día atípico, por el intenso movimiento de delegados reclutando trabajadores, en la puerta y en los distintos sectores, para ir a impedir el corte de vías pautado por los tercerizados. Nombró y reconoció en las fotos que se le exhibieron a cada uno de ellos: Montiel, Toreta, Alcorcel, Amuchástegui y otros, incluyendo a Damián Serrano, "Biyú", que está citado a declarar en los próximos días. "En mi nave somos unas 60 personas, entre 30 y 40 se fueron. Los delegados los sacaban y los acumulaban en la puerta. Algunos ni llegaron a entrar. Al día siguiente, muchos compañeros estaban con susto, nerviosos, acongojados. Un compañero con crisis de nervios, Juan Molina, estaba a los gritos diciendo lo que había visto. Le dije que hiciera la denuncia, que no estuviera a los gritos en el taller, porque los delegados estaban por ahí. Me contó que estaban en las vías, que ven cuando se acerca un grupo que no eran ferroviarios, que los recibió Alcorcel, y que los incitaron a bajar, Pablo Díaz era el que decía que tenían que bajar".
El compañero también relató que, en 2010, en los talleres operaba la Cooperativa Unión del Mercosur, cuyos empleados hacían tareas de limpieza. Ellos reclamaban el pase a planta permanente, porque la limpieza es una tarea incluida en el convenio ferroviario, es la categoría 6ª. En cambio, los tercerizados de la cooperativa eran monotributistas, no tenían vacaciones y cobraban menos.
Las repreguntas del Dr. Freeland apuntaron para el mismo inútil lado que desde el comienzo, con preguntas como "¿Y ustedes, en Causa Ferroviaria, cómo reclutan para las marchas y movilizaciones?". Sin darnos tiempo a intervenir, el compañero retrucó "Nosotros convocamos, y viene el que quiere, no reclutamos". Luego tuvo que explicarle a la Dra. Pignone, defensora de Alcorcel, que "reclutar" y "convocar" no son lo mismo... y aclaró "Nosotros no tenemos forma de liberar gente como hacen ellos, somos trabajadores".
Freeland, tan fuera de sí que ligó más de un reto del presidente Barroetaveña, arremetió con la causa iniciada a los militantes de Causa Ferroviaria Omar Merino y Jorge Hospital, junto al referente del PO "Chiquito" Belliboni, a raíz de la movilización del 23 de diciembre de 2010, cuando los dos primeros fueron detenidos por orden del juez federal Armella y fueron liberados en el marco de una multitudinaria movilización a Plaza de Mayo. "Los acusaban de extorsión, pero los absolvieron", resumió el compañero Sanabria. "¿A quién extorsionaron?" presionó Freeland, pregunta que generó una incidencia con salida del testigo. Llegado nuestro turno, ofrecimos satisfacer la curiosidad del defensor de Fernández aportándole la sentencia de la Cámara Federal de La Plata, que sobreseyó a los compañeros. Y completamos explicando que esa causa fue iniciada por la gerencia de UGOFE y los mismos policías que hoy están acusados por el crimen de Mariano, como el comisario Jorge Ferreyra y otros de la División Roca, como represalia contra quienes eran testigos importantes en esta causa. Como se dice en el teatro, Freeland, por un rato, hizo mutis por el foro, pero pronto se recuperó:
-¿Quiénes integran Causa Ferroviaria?
-Militantes del PO y militantes independientes.
-¿Hay gente de Quebracho o de la Tendencia Piquetera Revolucionaria?
De nuevo, el tribunal le cortó el interrogatorio impertinente. Mientras protestaba, el abogado empezó a masticar algo. “No coma mientras está hablando conmigo", bramó el presidente, motivando que Freeland se sacara el acaramelo de la boca. "Por favor, ahora déjeselo en la boca”, fustigó el juez Barroetaveña.
Germán Sandri terminó su declaración con un ejemplo de cómo opera la burocrática conducción de la UF: "El otro día, en la línea Mitre, inauguraron un local nuevo en una seccional, y ahí cantaban 'un minuto de silencio para el zurdo que está muerto' mientras un cartel anunciaba 'Ningún trapo rojo flameará en nuestra casa'. El clima en ferrocarril es así, no cambió nada".
El primer testigo, Marcelo Fabián Sanabria, que trabajó para la línea Roca a través de la empresa tercerizadora Ecocred. fue aportado por las defensas de Pablo Díaz y Daniel González con la intención de probar que había tercerizados que simpatizaban con la Unión Ferroviaria y que desconfiaban de los que, organizados en forma independiente, denunciaban el negocio de la burocracia a la par de las empresas, al amparo del tercer socio, el gobierno. El muchacho arrancó "bien", de acuerdo a lo esperado por sus convocantes, contando que lo echaron en abril de 2010, que le llevó un curriculum a Pablo Díaz, para ver si lo podía hacer entrar a planta permanente en el ferrocarril, y que éste le dijo "Yo no tengo nada que ver con los ingresos, lo voy a elevar pero no depende de mí". El abogado Freeland quiso ir más lejos, y le preguntó si otros tercerizados alguna vez lo invitaron a participar de marchas. Lejos de acusar a los compañeros de apretarlo, amenazarlo o coaccionarlo, Sanabria dijo que le habían dado volantes y folletos convocando a las reuniones, pero que él había preferido no ir, y, desde luego, jamás eso le produjo un problema con los compañeros.
Cuando comenzó la ronda de repreguntas de las querellas, resultó que lo echaron de Ecocred por haber ido a una reunión en el sindicato de maestranza para organizar un reclamo porque los obligaban a realizar tareas diferentes de las de limpieza por las que les pagaban, y que, estando despedido, Pablo Díaz le prestó plata que hasta el día de hoy no le devolvió.
Irónicamente, Sanabria hoy es empleado de planta permanente, porque fue incluido en los listados de incorporados de enero de 2011, como resultado directo de la conmoción producida por el asesinato de Mariano.
Luego estaba previsto que declararan el "Tano" Carnovale y Aldo Amuchástegui, dos hombres fuertes de la Lista Verde que sólo los jueces y fiscales saben por qué no están presos con sus camaradas. Carnovale fue uno de los probados reclutadores del 20 de octubre, como lo declararon ya varios integrantes de la patota (Claudio Díaz, Benítez, el detenido "Payaso" Sánchez) y a Amuchástegui se lo ve clarito en fotos y videos, tan acalorado tras la corrida por la calle Luján que exhibe su torso desnudo. Hubo acuerdo unánime entre los defensores que lo habían ofrecido en desistir del testimonio del “Tano”, a pesar que estaba presente, así que por secretaría le dieron las gracias, y se fue lo más rápido que pudo. Respecto de Amuchástegui, que también estaba en el edificio, la Dra. Florencia Hegglin, defensora de Favale, planteó que su pupilo quería estar presente cuando declarara. El servicio penitenciario informó que debido a la lluvia el camión de la unidad penal donde está el barra brava no pudo salir, así que lo escucharemos, si no lo desisten, mañana.
'Un minuto de silencio para el zurdo que está muerto'
Finalmente, se presentó a declarar Germán Ernesto Sandri, trabajador ferroviario desde hace 18 años, militante de la agrupación Causa Ferroviaria. Contó que el 20 de octubre de 2010 fue a trabajar normalmente en los talleres de Remedios de Escalada, pero resultó un día atípico, por el intenso movimiento de delegados reclutando trabajadores, en la puerta y en los distintos sectores, para ir a impedir el corte de vías pautado por los tercerizados. Nombró y reconoció en las fotos que se le exhibieron a cada uno de ellos: Montiel, Toreta, Alcorcel, Amuchástegui y otros, incluyendo a Damián Serrano, "Biyú", que está citado a declarar en los próximos días. "En mi nave somos unas 60 personas, entre 30 y 40 se fueron. Los delegados los sacaban y los acumulaban en la puerta. Algunos ni llegaron a entrar. Al día siguiente, muchos compañeros estaban con susto, nerviosos, acongojados. Un compañero con crisis de nervios, Juan Molina, estaba a los gritos diciendo lo que había visto. Le dije que hiciera la denuncia, que no estuviera a los gritos en el taller, porque los delegados estaban por ahí. Me contó que estaban en las vías, que ven cuando se acerca un grupo que no eran ferroviarios, que los recibió Alcorcel, y que los incitaron a bajar, Pablo Díaz era el que decía que tenían que bajar".
El compañero también relató que, en 2010, en los talleres operaba la Cooperativa Unión del Mercosur, cuyos empleados hacían tareas de limpieza. Ellos reclamaban el pase a planta permanente, porque la limpieza es una tarea incluida en el convenio ferroviario, es la categoría 6ª. En cambio, los tercerizados de la cooperativa eran monotributistas, no tenían vacaciones y cobraban menos.
Las repreguntas del Dr. Freeland apuntaron para el mismo inútil lado que desde el comienzo, con preguntas como "¿Y ustedes, en Causa Ferroviaria, cómo reclutan para las marchas y movilizaciones?". Sin darnos tiempo a intervenir, el compañero retrucó "Nosotros convocamos, y viene el que quiere, no reclutamos". Luego tuvo que explicarle a la Dra. Pignone, defensora de Alcorcel, que "reclutar" y "convocar" no son lo mismo... y aclaró "Nosotros no tenemos forma de liberar gente como hacen ellos, somos trabajadores".
Freeland, tan fuera de sí que ligó más de un reto del presidente Barroetaveña, arremetió con la causa iniciada a los militantes de Causa Ferroviaria Omar Merino y Jorge Hospital, junto al referente del PO "Chiquito" Belliboni, a raíz de la movilización del 23 de diciembre de 2010, cuando los dos primeros fueron detenidos por orden del juez federal Armella y fueron liberados en el marco de una multitudinaria movilización a Plaza de Mayo. "Los acusaban de extorsión, pero los absolvieron", resumió el compañero Sanabria. "¿A quién extorsionaron?" presionó Freeland, pregunta que generó una incidencia con salida del testigo. Llegado nuestro turno, ofrecimos satisfacer la curiosidad del defensor de Fernández aportándole la sentencia de la Cámara Federal de La Plata, que sobreseyó a los compañeros. Y completamos explicando que esa causa fue iniciada por la gerencia de UGOFE y los mismos policías que hoy están acusados por el crimen de Mariano, como el comisario Jorge Ferreyra y otros de la División Roca, como represalia contra quienes eran testigos importantes en esta causa. Como se dice en el teatro, Freeland, por un rato, hizo mutis por el foro, pero pronto se recuperó:
-¿Quiénes integran Causa Ferroviaria?
-Militantes del PO y militantes independientes.
-¿Hay gente de Quebracho o de la Tendencia Piquetera Revolucionaria?
De nuevo, el tribunal le cortó el interrogatorio impertinente. Mientras protestaba, el abogado empezó a masticar algo. “No coma mientras está hablando conmigo", bramó el presidente, motivando que Freeland se sacara el acaramelo de la boca. "Por favor, ahora déjeselo en la boca”, fustigó el juez Barroetaveña.
Germán Sandri terminó su declaración con un ejemplo de cómo opera la burocrática conducción de la UF: "El otro día, en la línea Mitre, inauguraron un local nuevo en una seccional, y ahí cantaban 'un minuto de silencio para el zurdo que está muerto' mientras un cartel anunciaba 'Ningún trapo rojo flameará en nuestra casa'. El clima en ferrocarril es así, no cambió nada".
viernes, 26 de octubre de 2012
Día 32 - Otro gerente de UGOFE, el celular de Alcorcel y el micro naranja (25/10)
La jornada comenzó con la declaración de Pablo Oscar Díaz, Jefe de Relaciones Laborales de UGOFE, testigo propuesto por el abogado del “Gallego” Fernández. Como viene ocurriendo, el testimonio terminó aportando más para la acusación que para las defensas.
De entrada, nomás, ante la formalidad de la pregunta por las “generales de la ley”, es decir, su conocimiento de las partes del juicio, el directivo de la empresa admitió que conocía a su tocayo Pablo Marcelo Díaz y a Fernández, lo que explicó porque eran los gremialistas con los que tenía mayor relación en la línea, pero también llamó por sus nombres a tres integrantes de la patota, González, Pipitó y Sánchez.
Díaz ocupa el mismo sillón empresarial desde 1998, cuando el servicio del Roca era explotado por Taselli. El mismo día de la creación de UGOFE fue ratificado en el puesto, que depende jerárquicamente de la Gerencia de Recursos Humanos, y tiene por función la administración del personal, y la aplicación del régimen disciplinario. No llamó la atención que recordara sanciones impuestas por la empresa a los trabajadores que confrontan al pedracismo, como Jorge Hospital y Diego Cardias.
A pesar de los esfuerzos del defensor de Fernández, Dr. Freeland, para que el gerente dijera que la Unión Ferroviaria ha bregado históricamente por el pase a planta permanente de los tercerizados, el hombre no se animó a macanear tanto. Rotundamente dijo que no recordaba reclamos de la UF en ese sentido. Desesperado, y mientras engullía bizcochitos de grasa, Freeland pidió que se le exhibieran tres notas firmadas por Pedraza y Fernández que él aportó como prueba documental en la instrucción. El testigo las leyó y aclaró que no las recordaba. Una era de 2006, es decir, anterior a UGOFE y a las cooperativas de la UF, cuando hubo un fuerte plan de lucha de los tercerizados y se logró que muchos fueran reconocidos como trabajadores ferroviarios. En las otras, el “reclamo” era de equiparación salarial, no de incorporación a la planta permanente del ferrocarril.
“¿Había trabajadores tercerizados más radicalizados que otros?” ensayó Freeland, pregunta que el presidente del tribunal no permitió, al tiempo que pidió al abogado que apurara el interrogatorio, haciéndole notar que hasta allí había sido complaciente: “Hasta lo hemos dejado comer …”, dijo el juez.
Sobre el 20 de octubre, muy a contramano de los deseos de los defensores, Díaz ratificó que “se comentaba” desde el día anterior que iba a haber una movilización, y que el 20, por la mañana, recibió un mail desde la administración de los talleres de Remedios de Escalada con el listado de personal que se retiraba para ir “a un corte de vías”… Con una reticencia notable, terminó admitiendo que sabía que la empresa había advertido a la secretaría de transportes de la movilización; que se había constituido un comité de crisis en la empresa; que fue a Avellaneda al mediodía; que habló con Karina Benemérito de la UF y con otros gerentes de UGOFE; que habló dos veces, entre las 8 y 9 de la mañana, con el otro Pablo Díaz, el jefe operativo de la patota. No dijo, claro está, de qué hablaron.
Explicó que, cuando hay algún acto o marcha, “la UF presenta la lista de los que se van. La empresa toma debida nota, se cruza con los registros de asistencia y la gerencia de recursos humanos descuenta horas, pero depende el caso”. Y dio dos ejemplos de días en que la empresa decidió no penalizar con descuentos la salida del trabajo: “El 15 de octubre, cuando hubo un acto con Moyano en River, y después en marzo de 2011, para un acto de la presidenta en Huracán”. El 20 de octubre, luego que se supo del asesinato de Mariano y frente a Hornos 11 se congregaba la movilización que había comenzado en Callao y Corrientes, sí practicaron los descuentos. Después de lavarse las manos, se las secaron.
Promediando la declaración, las mentiras empezaron a acumularse, como cuando dijo que no recordaba de qué se habló en el almuerzo cerca de fin de año que compartieron los burócratas de la UF con los directivos de UGOFE, donde armaron un plan para incorporar a los tercerizados con el menor costo para sus intereses comunes.
El segundo testigo de la mañana fue tan breve con estrepitoso el fracaso de la defensa del patotero Uño, que viene intentando instalar la idea de que Mariano murió, y Elsa sufrió graves secuelas, porque sus compañeros tomaron la iniciativa de trasladarlos al hospital Argerich enseguida, sin quedarse esperando la casi hora que tardó en aparecer la ambulancia del SAME.
Fue el Director Médico del Hospital Argerich, Néstor Abel Hernández, que ratificó lo dicho por el compañero del Partido Obrero, Dr. Wul, que asistió a los heridos en Barracas. Mariano ingresó al hospital fallecido, y Elsa en gravísimo estado, pero a tiempo para que, debidamente atendida, pudiera encarar su larga y positiva recuperación. El testigo, traído por la defensa de Uño, sin embargo, ayudó para destruir el argumento de los integrantes de la patota de que no se quedaron en la guardia del Argerich cuando fueron a hacer atender sus heridos, como el “arrepentido” Claudio Díaz, “porque la guardia estaba colapsada”. “No había ningún colapso en la guardia”, dijo el Director del hospital. Lo que había, en todos los televisores y radios, era la difusión de la noticia del ataque y sus consecuencias, lo que explica que huyeran como rata por tirante.
El tercer testigo, José Carlos Sineriz, casi no podía hablar del susto que tenía de quedar preso. Es que el hombre es un hincha de Temperley, que tiene un bar frente al estadio, dueño de una flota de teléfonos Nextel. Uno de esos celulares terminó en manos de un amigo de un amigo, “Gustavo”, pelado, morocho y delgado, empleado del ferrocarril, y es uno de los teléfonos desde y hacia el que se detectaron infinidad de comunicaciones con Favale, Pablo Díaz y otros imputados.
Finalmente, por la tarde, declaró el compañero Leandro Alfredo Tamame, del PO, que llegó tarde a la convocatoria, y sólo alcanzó la columna cuando se producía el ataque a piedrazos cerca del puente Bosch. Lo muy valioso del testimonio estriba en que, como tenía que entrar a trabajar a las 14:00, Leandro se fue a tomar el tren en la estación Yrigoyen un poco antes de la una y media. “Cuando entré a la estación vi un micro escolar color naranja del que baja un grupo de jóvenes con gorritas y ropa deportiva. Entran al andén y le dicen al boletero que vienen a apoyar a los ferroviarios. Pasaron enfrente mío, y se fueron caminando hacia la gente de la Verde que yo había visto antes sobre la vía. Los lideraba uno grandote, de remera azul, pelo oscuro y corto, que al pasar por el andén dijo bien fuerte, para que escucharan todos los que iban con él, ‘a la gente no le hagan nada’, por los que estábamos esperando el tren”.
Aunque ese colectivo escolar, que trajo la patota de Favale hasta las vías, ya fue referenciado por el testigo Esteche, y por uno de sus pasajeros, el atribulado Lezcano de la semana pasada, el aporte de Leandro es fundamental, pues prueba el plan premeditado que vinieron a ejecutar los reclutados en Florencio Varela junto a los hombres de Pedraza.
De entrada, nomás, ante la formalidad de la pregunta por las “generales de la ley”, es decir, su conocimiento de las partes del juicio, el directivo de la empresa admitió que conocía a su tocayo Pablo Marcelo Díaz y a Fernández, lo que explicó porque eran los gremialistas con los que tenía mayor relación en la línea, pero también llamó por sus nombres a tres integrantes de la patota, González, Pipitó y Sánchez.
Díaz ocupa el mismo sillón empresarial desde 1998, cuando el servicio del Roca era explotado por Taselli. El mismo día de la creación de UGOFE fue ratificado en el puesto, que depende jerárquicamente de la Gerencia de Recursos Humanos, y tiene por función la administración del personal, y la aplicación del régimen disciplinario. No llamó la atención que recordara sanciones impuestas por la empresa a los trabajadores que confrontan al pedracismo, como Jorge Hospital y Diego Cardias.
A pesar de los esfuerzos del defensor de Fernández, Dr. Freeland, para que el gerente dijera que la Unión Ferroviaria ha bregado históricamente por el pase a planta permanente de los tercerizados, el hombre no se animó a macanear tanto. Rotundamente dijo que no recordaba reclamos de la UF en ese sentido. Desesperado, y mientras engullía bizcochitos de grasa, Freeland pidió que se le exhibieran tres notas firmadas por Pedraza y Fernández que él aportó como prueba documental en la instrucción. El testigo las leyó y aclaró que no las recordaba. Una era de 2006, es decir, anterior a UGOFE y a las cooperativas de la UF, cuando hubo un fuerte plan de lucha de los tercerizados y se logró que muchos fueran reconocidos como trabajadores ferroviarios. En las otras, el “reclamo” era de equiparación salarial, no de incorporación a la planta permanente del ferrocarril.
“¿Había trabajadores tercerizados más radicalizados que otros?” ensayó Freeland, pregunta que el presidente del tribunal no permitió, al tiempo que pidió al abogado que apurara el interrogatorio, haciéndole notar que hasta allí había sido complaciente: “Hasta lo hemos dejado comer …”, dijo el juez.
Sobre el 20 de octubre, muy a contramano de los deseos de los defensores, Díaz ratificó que “se comentaba” desde el día anterior que iba a haber una movilización, y que el 20, por la mañana, recibió un mail desde la administración de los talleres de Remedios de Escalada con el listado de personal que se retiraba para ir “a un corte de vías”… Con una reticencia notable, terminó admitiendo que sabía que la empresa había advertido a la secretaría de transportes de la movilización; que se había constituido un comité de crisis en la empresa; que fue a Avellaneda al mediodía; que habló con Karina Benemérito de la UF y con otros gerentes de UGOFE; que habló dos veces, entre las 8 y 9 de la mañana, con el otro Pablo Díaz, el jefe operativo de la patota. No dijo, claro está, de qué hablaron.
Explicó que, cuando hay algún acto o marcha, “la UF presenta la lista de los que se van. La empresa toma debida nota, se cruza con los registros de asistencia y la gerencia de recursos humanos descuenta horas, pero depende el caso”. Y dio dos ejemplos de días en que la empresa decidió no penalizar con descuentos la salida del trabajo: “El 15 de octubre, cuando hubo un acto con Moyano en River, y después en marzo de 2011, para un acto de la presidenta en Huracán”. El 20 de octubre, luego que se supo del asesinato de Mariano y frente a Hornos 11 se congregaba la movilización que había comenzado en Callao y Corrientes, sí practicaron los descuentos. Después de lavarse las manos, se las secaron.
Promediando la declaración, las mentiras empezaron a acumularse, como cuando dijo que no recordaba de qué se habló en el almuerzo cerca de fin de año que compartieron los burócratas de la UF con los directivos de UGOFE, donde armaron un plan para incorporar a los tercerizados con el menor costo para sus intereses comunes.
El segundo testigo de la mañana fue tan breve con estrepitoso el fracaso de la defensa del patotero Uño, que viene intentando instalar la idea de que Mariano murió, y Elsa sufrió graves secuelas, porque sus compañeros tomaron la iniciativa de trasladarlos al hospital Argerich enseguida, sin quedarse esperando la casi hora que tardó en aparecer la ambulancia del SAME.
Fue el Director Médico del Hospital Argerich, Néstor Abel Hernández, que ratificó lo dicho por el compañero del Partido Obrero, Dr. Wul, que asistió a los heridos en Barracas. Mariano ingresó al hospital fallecido, y Elsa en gravísimo estado, pero a tiempo para que, debidamente atendida, pudiera encarar su larga y positiva recuperación. El testigo, traído por la defensa de Uño, sin embargo, ayudó para destruir el argumento de los integrantes de la patota de que no se quedaron en la guardia del Argerich cuando fueron a hacer atender sus heridos, como el “arrepentido” Claudio Díaz, “porque la guardia estaba colapsada”. “No había ningún colapso en la guardia”, dijo el Director del hospital. Lo que había, en todos los televisores y radios, era la difusión de la noticia del ataque y sus consecuencias, lo que explica que huyeran como rata por tirante.
El tercer testigo, José Carlos Sineriz, casi no podía hablar del susto que tenía de quedar preso. Es que el hombre es un hincha de Temperley, que tiene un bar frente al estadio, dueño de una flota de teléfonos Nextel. Uno de esos celulares terminó en manos de un amigo de un amigo, “Gustavo”, pelado, morocho y delgado, empleado del ferrocarril, y es uno de los teléfonos desde y hacia el que se detectaron infinidad de comunicaciones con Favale, Pablo Díaz y otros imputados.
Finalmente, por la tarde, declaró el compañero Leandro Alfredo Tamame, del PO, que llegó tarde a la convocatoria, y sólo alcanzó la columna cuando se producía el ataque a piedrazos cerca del puente Bosch. Lo muy valioso del testimonio estriba en que, como tenía que entrar a trabajar a las 14:00, Leandro se fue a tomar el tren en la estación Yrigoyen un poco antes de la una y media. “Cuando entré a la estación vi un micro escolar color naranja del que baja un grupo de jóvenes con gorritas y ropa deportiva. Entran al andén y le dicen al boletero que vienen a apoyar a los ferroviarios. Pasaron enfrente mío, y se fueron caminando hacia la gente de la Verde que yo había visto antes sobre la vía. Los lideraba uno grandote, de remera azul, pelo oscuro y corto, que al pasar por el andén dijo bien fuerte, para que escucharan todos los que iban con él, ‘a la gente no le hagan nada’, por los que estábamos esperando el tren”.
Aunque ese colectivo escolar, que trajo la patota de Favale hasta las vías, ya fue referenciado por el testigo Esteche, y por uno de sus pasajeros, el atribulado Lezcano de la semana pasada, el aporte de Leandro es fundamental, pues prueba el plan premeditado que vinieron a ejecutar los reclutados en Florencio Varela junto a los hombres de Pedraza.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Día 31 - "Todas las decisiones las toma Pedraza" (23/10)
"Todas las decisiones las toma Pedraza"
En uno de los más sólidos testimonios vinculados al funcionamiento real y concreto de la Unión Ferroviaria, poniendo varias veces contra las cuerdas a las defensas de Pedraza y Fernández, Rubén "Pollo" Sobrero, delegado y paritario del Sarmiento, desenmascaró a los jefes de la patota.
"En el conflicto por los tercerizados, mientras nosotros en el Sarmiento nos levantamos en contra de esa política y exigíamos el pase a planta permanente de los compañeros, la conducción nacional del gremio encabezada por Pedraza, hizo lo imposible para que esa gente no ingresara. La UF era patrón y gremio a través de la falsa cooperativa UNIÓN DEL MERCOSUR que dirigían miembros del Secretariado como Castellano y Matarazzo. Con ese mecanismo, ellos manejaban los ingresos".
En ese contexto relató que, junto a su compañero y también testigo, Reynoso, como paritarios se reunieron en la UF con un dirigente de peso, el Oso Rodríguez, para evaluar en la futura paritaria, entre otros temas, el de los tercerizados del Sarmiento por "JB S.A."
"Le exigíamos a la UF que definieran el pase a planta de los compañeros. Rodríguez se levantó de la reunión para ir a consultar con Pedraza que estaba en su despacho. Cuando volvió nos dijo: concedemos todo, menos lo de los tercerizados". Reynoso contó lo mismo en audiencia pasada.
Fue entonces que largó la conclusión: "Todas las decisiones las toma Pedraza"
Indicó que la tercerización es una estafa que debería estar penada: viola el principio de a igual tarea, igual salario.
La UF boicoteaba los reclamos de pase y si aprobaba esporádicamente algunos, lo hacía porque le convenía a la empresa."No conozco ningún gremio - excepto el nuestro- que no quiera tener más afiliados, porque cuantos más afiliados tenés, más fuerza tenés. Sin embargo en la UF la política fue el negocio: funcionar como empresa es más redituable que afiliar compañeros".
Recordó que esta política databa de los '90 -cuando Pedraza ya era titular- y citó a Dromi , el ministro peronista-menemista de las privatizaciones: "Felicito a la Unión Ferroviaria, hubiera sido una tarea titánica sin su apoyo" refirió que dijo Dromi, al tiempo que le ofreció al defensor de Pedraza los recortes periodísticos de la época que él guarda celosamente. El Dr. Froment rechazó el ofrecimiento.
El estado siguió siendo responsable - dijo- porque recién tras el crímen de Mariano el gobierno kirchnerista cambió parcialmente esa política. Recordó que, por cadena nacional, la misma presidenta de la Nación ordenó terminar con la tercerización, a horas del asesinato del compañero.
Hizo referencia a la pésima experiencia de las cooperativas reales, como las de Laguna Paiva o Junín, integradas por ferroviarios que, a poco de andar, se quedaron sin trabajo y sin ingresos, y sus cooperativas, al principio regenteadas por el gremio, terminaron en manos de empresarios del transporte.
Y respecto a la vida interna del gremio se extendió con detalle sobre dos cuestiones básicas: "No hay democracia en la UF, así como Pedraza define todo, Fernández se mueve de la misma manera en el Roca. En nuestra seccional Oeste, que ganamos alguna vez, después mandaron gente de zona norte para desbaratarnos. Ser opositor de ellos implica tomar medidas de fuerzas continuamente para lograr algo. Nosotros tuvimos que parar el Sarmiento para ser reconocidos. La semana pasada tuvimos problemas con compañeros sancionados y el gremio hasta sacó un comunicado en La Nación a favor de la empresa. Alguna vez me reuní con Pedraza para ver si aflojaba un poco las presiones a las que somos sometidos por ser oposición. No hay movilización del gremio, salvo para ir a los actos kirchneristas como el de Ríver, días antes del crimen de Mariano. Ahí contaron también con el apoyo de los empresarios que habilitaron la salida y no descontaron el día".
"Cuando los manifestantes se iban a varias cuadras, bajaron los otros de las vías con palos y piedras en las manos... pasaron por delante de la policía, porque ahí abajo estaban los patrulleros".
Lejos de ser un testimonio brindado por uno de los tercerizados atacados por la patota, se trata ahora de Omar Rubén Núñez, gerente de seguridad de MAPRA, una de las empresas contratadas por UGOFE, que, ese día, conociendo lo de la convocatoria, fue hasta Avellaneda para instruir a sus dos hombres en la estación para que no se metieran ni tuvieran ninguna intervención y se guarden en una oficinita.
Él vio a los ferroviarios que caminaban por las vías, y en la calle a los tercerizados que iban "tranquilos, pacíficamente". A lo lejos divisó un ataque desde arriba (se refiere a los sucesos del Puente Bosch) asegurando que nunca nadie de los de abajo llegó a las vías. Esperó a que se calmaran las cosas y fue hasta el puente. Estaban los ferroviarios y abajo unos móviles policiales, y él vio como a lo lejos, por calle Luján hacia Vélez Sarsfield, se iban los tercerizados. En ese momento, "cuando los manifestantes se retiraban, llamo a mi superior para informarlo. Cuando me doy vuelta veo que los que estaban arriba como si hubieran abierto un portón, pasan a mi lado con palos y piedras en las manos y bajan el terraplén para correrlos, entonces yo digo 'Me voy'. De estos, dos por lo menos llevaban unos palos de unos 50 cm. de largo a un costado de la pierna, otros tenían piedras del ferrocarril en las manos."
A la pregunta concreta de uno de los jueces, sobre si vio pasar a estos individuos con palos y piedras entre los policías, respondió: "Por el único lugar dónde bajaron y después corrieron estaban los policías de la federal con móviles estacionados, tuvieron que pasar por ahí". Se notó en la cara de los defensores de los policías cierta incomodidad con la defensa que propuso al testigo, nadie esperaba esta declaración.
Si a este testimonio le sumamos lo que muchos dijeron, que luego la patota regresó por el mismo lugar y la policía seguía allí sin intervenir, convenimos en que la ajenidad de la policía en los hechos ha quedado completamente desvirtuada: la Federal cumplió un rol decisivo en el plan criminal.
La pata empresaria de la Triple Alianza Antiobrera: ¿encubridores o partícipes?
Norberto Cots es uno de los tres capos de la UGOFE. Junto a otros dos, integra el comité gerencial de la empresa, el nivel más alto de responsabilidad. Desde días atrás "sabía del corte porque gente que quería el pase a planta permanente lo convocaba. Ya habían tenido inconvenientes en Constitución en septiembre con muy violento incidente, y por eso esta vez se constituyó un comité de crisis".
Pero toda la seguridad que aparentaba el testigo se derrumbó rápidamente cuando tuvo que dar cuenta de lo que hizo y no hizo el día 20 de octubre.
Casualmente, ese día no estaba en su oficina de Hornos 11, sino en el médico en Luján, aunque antes de las 9 de la mañana ya estaba de regreso y a varios kilómetros de allí, a la altura de Moreno, que es desde donde reconoce que llamó al celular del imputado Fernández "para disculparme por no poder ir al Congreso que se hacía en la UF".
Esta extraña y urbana comunicación, sin embargo, no explica para qué lo llamó todavía antes, mucho más temprano, cuando el congreso no había empezado, y tampoco lo pudo explicar en la audiencia.
Mucho más le costó explicar por qué, siendo uno de los tres hombres más importantes de la empresa, ese día, siendo que a las 9 andaba por Moreno, justo ese día , llegó pasado el mediodía a Constitución. Tampoco pudo explicar por qué nadie del comité de crisis lo llamó ni él llamó a ninguno de esos sujetos. Eso sí, registra varias llamadas a Fernández, ese mismo día y con posterioridad a los hechos.
Dijo que no sabía nada de la movilización de ferroviarios de Fernández contra el corte... ¿para qué lo llamó entonces?
El directivo empresarial contó cómo se enteró de los gravísimos sucesos: "por un noticiero de la radio " dijo... y le creció la nariz. Cots, ha justificado ampliamente la necesidad de un juicio Mariano Ferreyra II.
"Si de 10 ingresa 1 solo, no me quedo pensando en los 9, celebro por ese uno que entró".
Daniel Osvaldo Falsoy es el Gerente General de la Unión Ferroviaria. Un ex opositor a Pedraza que después se juntó al jefe para hacer una gran carrera...burocrática, tal como ilustra el pensamiento que expuso al hablar de los tercerizados y la diferencia de metodología con la oposición minoritaria del gremio.
Alabó a la conducción que él mismo comparte, diciendo que manejan una bolsa de trabajo que permitió el ingreso de familiares y de muchos tercerizados. La misma conducción que días antes del asesinato de Mariano Ferreyra convocó al acto kirchnerista en River y aportó 500 ferroviarios, porque "para ser representante hay que tener número y calidad... ¿?"
Alabó también al equipo que conforma con Pedraza y Fernández, y por eso les atiende los celulares, aunque el 20 de octubre de 2010, estando en el mismo sitio que el Gallego, a quien vio varias veces en el lugar, le hizo varias llamadas a su celular. Dijo desconocer que ese día iba a haber una contramarcha de ferroviarios para evitar el corte, y que se enteró de lo ocurrido recién a las 3 de la tarde por comentarios de algunos compañeros, y recién a las 4 de la muerte de Mariano.
A diferencia de Karina Benemérito, no recuerda que nadie haya hecho el cierre del Congreso mencionando este suceso y explicó algo que sorprendió a quienes habían escuchado al directivo empresarial Cots, su testigo precedente: "el congreso no lo organizó, ni convocó, ni invitó la UF sino que fue la revista Latin Rieles, a quien le alquilamos el espacio..." Lo que torna inverosímil que el directivo haya llamado a Fernández para disculpar su ausencia. Falsoy, también es un testigo aportado por la defensa de Fernández.
"Fernández era el único que podía evitar que hubiera lesionados, tenía suficiente dominio sobre el personal ferroviario. Supongo que Pablo Díaz ejercía el liderazgo ese día en el lugar".
Cerró la jornada el Comisario Mayor (R) de la bonaerense, Ricardo Horacio Vitali. Era gerente de coordinación de fuerzas de seguridad de UGOFE en el Roca. Desde 2007, tenía a su cargo la supervisión de servicios adicionales entre Transporte y Policía Federal. Tenía a cargo más de 200 empleados. Conocía a los imputados comisarios Mansilla y Ferreyra y por supuesto, a Pablo Díaz.
Mantenía un trato especial con el imputado Gallego Fernández, pues además compartían el fervor por Independiente, cancha a la que ingresaba gracias a entradas que Fernández le conseguía. Dispone de una flota de celulares, uno de sus hombres que trabaja en Ezeiza le facilitó uno de sus celulares a Pablo Díaz.
En septiembre, presenció un enfrentamiento en Plaza Constitución entre los tercerizados que reclamaban el ingreso a planta permanente y los ferroviarios de Díaz que repelían ese reclamo. Cuando se enteró del corte propuesto para el 20 de octubre, lo comunicó al Comité Gerencial, los tres hombres que ya sabían de ese corte.
"El día anterior estuve con Fernández , los dos sabíamos de la movilización pero no hablamos nada"
"El 20 fui a Avellaneda a eso de las 11. Tenía que chequear el panorama e informar sobre el dispositivo de seguridad de la policía. Vi el despliegue de un operativo importante con móviles, camiones, infantería y jirafa de filmación de la Policía Federal y un camión de infantería de la bonaerense. Veo llegar a personal ferroviario que andaba por las vías y a manifestantes en la calle paralela. Los ferroviarios eran de Talleres de Escalada. Vi con ellos a Pablo Díaz a quien apenas saludé y no hablé con él, vi a los comisarios Mansilla y Ferreyra con quienes me saludé de andén a andén. Yo estaba vestido de traje."
Estas precisiones, sin embargo, no incluyeron el por qué de una llamada anterior con Pablo Díaz, a quien supuso ejerciendo el liderazgo en el lugar ese día, llamado que está acreditado pero que el ex comisario no recordaba, tanto como otros dos que le hizo al propio Fernández, uno a las 9.07 y otro a las 10.
"En un momento los tercerizados caminan por la calle y los ferroviarios los siguen por las vías. Veo desde lejos un enfrentamiento con tuercas, piedras, gomeras y palos de ambos lados. Nunca subieron los de abajo, nunca hablé con ellos ni hice gestión ninguna. Me preocupé por lesionados, por eso quería llamar a Fernández que era el único que podía evitar que los hubiera, tenía suficiente dominio sobre el personal ferroviario. Arriba había policía suficiente, filmaban. Escuché detonaciones y supe que la gente se fue por Luján hacia Vélez Sarsfield. Espero 30 minutos y aunque la gente seguía en las vías me fui a comer a Carrefour sin informar al Comité Gerencial de esa situación".
Este comportamiento extraño de un especialista en "seguridad ferroviaria" que se va a comer habiendo gente en plena vía, intentó ser corregido con la siguiente declaración: "mientras comía una hamburguesa y una gaseosa, alguien me llama y me informa que había incidentes, por lo que vuelvo a las vías. Ahí veo a Pablo Díaz que hablaba con periodistas y no quise interrumpir, por lo que fui hasta la calle Luján, viendo tres patrulleros estacionados en 45 grados y ya casi ni vi gente, apenas al fallecido comisario Premuda abajo. Entonces regresé a mi auto y me fui. Me enteré por los noticieros en el auto, la magnitud de lo ocurrido".
Sobre el final, se le leyeron unas escuchas telefónicas que mantuvo con Fernández, escuchas que reconoció como hechas por él y de las cuales se desprende un trato muy familiar y reverencial para con el sindicalista, lo que certifica que Fernández era el hombre clave en la administración del Roca.
En uno de los más sólidos testimonios vinculados al funcionamiento real y concreto de la Unión Ferroviaria, poniendo varias veces contra las cuerdas a las defensas de Pedraza y Fernández, Rubén "Pollo" Sobrero, delegado y paritario del Sarmiento, desenmascaró a los jefes de la patota.
"En el conflicto por los tercerizados, mientras nosotros en el Sarmiento nos levantamos en contra de esa política y exigíamos el pase a planta permanente de los compañeros, la conducción nacional del gremio encabezada por Pedraza, hizo lo imposible para que esa gente no ingresara. La UF era patrón y gremio a través de la falsa cooperativa UNIÓN DEL MERCOSUR que dirigían miembros del Secretariado como Castellano y Matarazzo. Con ese mecanismo, ellos manejaban los ingresos".
En ese contexto relató que, junto a su compañero y también testigo, Reynoso, como paritarios se reunieron en la UF con un dirigente de peso, el Oso Rodríguez, para evaluar en la futura paritaria, entre otros temas, el de los tercerizados del Sarmiento por "JB S.A."
"Le exigíamos a la UF que definieran el pase a planta de los compañeros. Rodríguez se levantó de la reunión para ir a consultar con Pedraza que estaba en su despacho. Cuando volvió nos dijo: concedemos todo, menos lo de los tercerizados". Reynoso contó lo mismo en audiencia pasada.
Fue entonces que largó la conclusión: "Todas las decisiones las toma Pedraza"
Indicó que la tercerización es una estafa que debería estar penada: viola el principio de a igual tarea, igual salario.
La UF boicoteaba los reclamos de pase y si aprobaba esporádicamente algunos, lo hacía porque le convenía a la empresa."No conozco ningún gremio - excepto el nuestro- que no quiera tener más afiliados, porque cuantos más afiliados tenés, más fuerza tenés. Sin embargo en la UF la política fue el negocio: funcionar como empresa es más redituable que afiliar compañeros".
Recordó que esta política databa de los '90 -cuando Pedraza ya era titular- y citó a Dromi , el ministro peronista-menemista de las privatizaciones: "Felicito a la Unión Ferroviaria, hubiera sido una tarea titánica sin su apoyo" refirió que dijo Dromi, al tiempo que le ofreció al defensor de Pedraza los recortes periodísticos de la época que él guarda celosamente. El Dr. Froment rechazó el ofrecimiento.
El estado siguió siendo responsable - dijo- porque recién tras el crímen de Mariano el gobierno kirchnerista cambió parcialmente esa política. Recordó que, por cadena nacional, la misma presidenta de la Nación ordenó terminar con la tercerización, a horas del asesinato del compañero.
Hizo referencia a la pésima experiencia de las cooperativas reales, como las de Laguna Paiva o Junín, integradas por ferroviarios que, a poco de andar, se quedaron sin trabajo y sin ingresos, y sus cooperativas, al principio regenteadas por el gremio, terminaron en manos de empresarios del transporte.
Y respecto a la vida interna del gremio se extendió con detalle sobre dos cuestiones básicas: "No hay democracia en la UF, así como Pedraza define todo, Fernández se mueve de la misma manera en el Roca. En nuestra seccional Oeste, que ganamos alguna vez, después mandaron gente de zona norte para desbaratarnos. Ser opositor de ellos implica tomar medidas de fuerzas continuamente para lograr algo. Nosotros tuvimos que parar el Sarmiento para ser reconocidos. La semana pasada tuvimos problemas con compañeros sancionados y el gremio hasta sacó un comunicado en La Nación a favor de la empresa. Alguna vez me reuní con Pedraza para ver si aflojaba un poco las presiones a las que somos sometidos por ser oposición. No hay movilización del gremio, salvo para ir a los actos kirchneristas como el de Ríver, días antes del crimen de Mariano. Ahí contaron también con el apoyo de los empresarios que habilitaron la salida y no descontaron el día".
"Cuando los manifestantes se iban a varias cuadras, bajaron los otros de las vías con palos y piedras en las manos... pasaron por delante de la policía, porque ahí abajo estaban los patrulleros".
Lejos de ser un testimonio brindado por uno de los tercerizados atacados por la patota, se trata ahora de Omar Rubén Núñez, gerente de seguridad de MAPRA, una de las empresas contratadas por UGOFE, que, ese día, conociendo lo de la convocatoria, fue hasta Avellaneda para instruir a sus dos hombres en la estación para que no se metieran ni tuvieran ninguna intervención y se guarden en una oficinita.
Él vio a los ferroviarios que caminaban por las vías, y en la calle a los tercerizados que iban "tranquilos, pacíficamente". A lo lejos divisó un ataque desde arriba (se refiere a los sucesos del Puente Bosch) asegurando que nunca nadie de los de abajo llegó a las vías. Esperó a que se calmaran las cosas y fue hasta el puente. Estaban los ferroviarios y abajo unos móviles policiales, y él vio como a lo lejos, por calle Luján hacia Vélez Sarsfield, se iban los tercerizados. En ese momento, "cuando los manifestantes se retiraban, llamo a mi superior para informarlo. Cuando me doy vuelta veo que los que estaban arriba como si hubieran abierto un portón, pasan a mi lado con palos y piedras en las manos y bajan el terraplén para correrlos, entonces yo digo 'Me voy'. De estos, dos por lo menos llevaban unos palos de unos 50 cm. de largo a un costado de la pierna, otros tenían piedras del ferrocarril en las manos."
A la pregunta concreta de uno de los jueces, sobre si vio pasar a estos individuos con palos y piedras entre los policías, respondió: "Por el único lugar dónde bajaron y después corrieron estaban los policías de la federal con móviles estacionados, tuvieron que pasar por ahí". Se notó en la cara de los defensores de los policías cierta incomodidad con la defensa que propuso al testigo, nadie esperaba esta declaración.
Si a este testimonio le sumamos lo que muchos dijeron, que luego la patota regresó por el mismo lugar y la policía seguía allí sin intervenir, convenimos en que la ajenidad de la policía en los hechos ha quedado completamente desvirtuada: la Federal cumplió un rol decisivo en el plan criminal.
La pata empresaria de la Triple Alianza Antiobrera: ¿encubridores o partícipes?
Norberto Cots es uno de los tres capos de la UGOFE. Junto a otros dos, integra el comité gerencial de la empresa, el nivel más alto de responsabilidad. Desde días atrás "sabía del corte porque gente que quería el pase a planta permanente lo convocaba. Ya habían tenido inconvenientes en Constitución en septiembre con muy violento incidente, y por eso esta vez se constituyó un comité de crisis".
Pero toda la seguridad que aparentaba el testigo se derrumbó rápidamente cuando tuvo que dar cuenta de lo que hizo y no hizo el día 20 de octubre.
Casualmente, ese día no estaba en su oficina de Hornos 11, sino en el médico en Luján, aunque antes de las 9 de la mañana ya estaba de regreso y a varios kilómetros de allí, a la altura de Moreno, que es desde donde reconoce que llamó al celular del imputado Fernández "para disculparme por no poder ir al Congreso que se hacía en la UF".
Esta extraña y urbana comunicación, sin embargo, no explica para qué lo llamó todavía antes, mucho más temprano, cuando el congreso no había empezado, y tampoco lo pudo explicar en la audiencia.
Mucho más le costó explicar por qué, siendo uno de los tres hombres más importantes de la empresa, ese día, siendo que a las 9 andaba por Moreno, justo ese día , llegó pasado el mediodía a Constitución. Tampoco pudo explicar por qué nadie del comité de crisis lo llamó ni él llamó a ninguno de esos sujetos. Eso sí, registra varias llamadas a Fernández, ese mismo día y con posterioridad a los hechos.
Dijo que no sabía nada de la movilización de ferroviarios de Fernández contra el corte... ¿para qué lo llamó entonces?
El directivo empresarial contó cómo se enteró de los gravísimos sucesos: "por un noticiero de la radio " dijo... y le creció la nariz. Cots, ha justificado ampliamente la necesidad de un juicio Mariano Ferreyra II.
"Si de 10 ingresa 1 solo, no me quedo pensando en los 9, celebro por ese uno que entró".
Daniel Osvaldo Falsoy es el Gerente General de la Unión Ferroviaria. Un ex opositor a Pedraza que después se juntó al jefe para hacer una gran carrera...burocrática, tal como ilustra el pensamiento que expuso al hablar de los tercerizados y la diferencia de metodología con la oposición minoritaria del gremio.
Alabó a la conducción que él mismo comparte, diciendo que manejan una bolsa de trabajo que permitió el ingreso de familiares y de muchos tercerizados. La misma conducción que días antes del asesinato de Mariano Ferreyra convocó al acto kirchnerista en River y aportó 500 ferroviarios, porque "para ser representante hay que tener número y calidad... ¿?"
Alabó también al equipo que conforma con Pedraza y Fernández, y por eso les atiende los celulares, aunque el 20 de octubre de 2010, estando en el mismo sitio que el Gallego, a quien vio varias veces en el lugar, le hizo varias llamadas a su celular. Dijo desconocer que ese día iba a haber una contramarcha de ferroviarios para evitar el corte, y que se enteró de lo ocurrido recién a las 3 de la tarde por comentarios de algunos compañeros, y recién a las 4 de la muerte de Mariano.
A diferencia de Karina Benemérito, no recuerda que nadie haya hecho el cierre del Congreso mencionando este suceso y explicó algo que sorprendió a quienes habían escuchado al directivo empresarial Cots, su testigo precedente: "el congreso no lo organizó, ni convocó, ni invitó la UF sino que fue la revista Latin Rieles, a quien le alquilamos el espacio..." Lo que torna inverosímil que el directivo haya llamado a Fernández para disculpar su ausencia. Falsoy, también es un testigo aportado por la defensa de Fernández.
"Fernández era el único que podía evitar que hubiera lesionados, tenía suficiente dominio sobre el personal ferroviario. Supongo que Pablo Díaz ejercía el liderazgo ese día en el lugar".
Cerró la jornada el Comisario Mayor (R) de la bonaerense, Ricardo Horacio Vitali. Era gerente de coordinación de fuerzas de seguridad de UGOFE en el Roca. Desde 2007, tenía a su cargo la supervisión de servicios adicionales entre Transporte y Policía Federal. Tenía a cargo más de 200 empleados. Conocía a los imputados comisarios Mansilla y Ferreyra y por supuesto, a Pablo Díaz.
Mantenía un trato especial con el imputado Gallego Fernández, pues además compartían el fervor por Independiente, cancha a la que ingresaba gracias a entradas que Fernández le conseguía. Dispone de una flota de celulares, uno de sus hombres que trabaja en Ezeiza le facilitó uno de sus celulares a Pablo Díaz.
En septiembre, presenció un enfrentamiento en Plaza Constitución entre los tercerizados que reclamaban el ingreso a planta permanente y los ferroviarios de Díaz que repelían ese reclamo. Cuando se enteró del corte propuesto para el 20 de octubre, lo comunicó al Comité Gerencial, los tres hombres que ya sabían de ese corte.
"El día anterior estuve con Fernández , los dos sabíamos de la movilización pero no hablamos nada"
"El 20 fui a Avellaneda a eso de las 11. Tenía que chequear el panorama e informar sobre el dispositivo de seguridad de la policía. Vi el despliegue de un operativo importante con móviles, camiones, infantería y jirafa de filmación de la Policía Federal y un camión de infantería de la bonaerense. Veo llegar a personal ferroviario que andaba por las vías y a manifestantes en la calle paralela. Los ferroviarios eran de Talleres de Escalada. Vi con ellos a Pablo Díaz a quien apenas saludé y no hablé con él, vi a los comisarios Mansilla y Ferreyra con quienes me saludé de andén a andén. Yo estaba vestido de traje."
Estas precisiones, sin embargo, no incluyeron el por qué de una llamada anterior con Pablo Díaz, a quien supuso ejerciendo el liderazgo en el lugar ese día, llamado que está acreditado pero que el ex comisario no recordaba, tanto como otros dos que le hizo al propio Fernández, uno a las 9.07 y otro a las 10.
"En un momento los tercerizados caminan por la calle y los ferroviarios los siguen por las vías. Veo desde lejos un enfrentamiento con tuercas, piedras, gomeras y palos de ambos lados. Nunca subieron los de abajo, nunca hablé con ellos ni hice gestión ninguna. Me preocupé por lesionados, por eso quería llamar a Fernández que era el único que podía evitar que los hubiera, tenía suficiente dominio sobre el personal ferroviario. Arriba había policía suficiente, filmaban. Escuché detonaciones y supe que la gente se fue por Luján hacia Vélez Sarsfield. Espero 30 minutos y aunque la gente seguía en las vías me fui a comer a Carrefour sin informar al Comité Gerencial de esa situación".
Este comportamiento extraño de un especialista en "seguridad ferroviaria" que se va a comer habiendo gente en plena vía, intentó ser corregido con la siguiente declaración: "mientras comía una hamburguesa y una gaseosa, alguien me llama y me informa que había incidentes, por lo que vuelvo a las vías. Ahí veo a Pablo Díaz que hablaba con periodistas y no quise interrumpir, por lo que fui hasta la calle Luján, viendo tres patrulleros estacionados en 45 grados y ya casi ni vi gente, apenas al fallecido comisario Premuda abajo. Entonces regresé a mi auto y me fui. Me enteré por los noticieros en el auto, la magnitud de lo ocurrido".
Sobre el final, se le leyeron unas escuchas telefónicas que mantuvo con Fernández, escuchas que reconoció como hechas por él y de las cuales se desprende un trato muy familiar y reverencial para con el sindicalista, lo que certifica que Fernández era el hombre clave en la administración del Roca.
martes, 23 de octubre de 2012
Día 30 - La tercerización como política (22/10)
“La policía les abrió el paso, sacaron a los dos móviles de la posición de vallado en la que estaban y se nos vinieron encima con todo”.
Diego Cardias, ex tercerizado, es testigo protegido. Bajo algunas medidas de seguridad, declaró lo ocurrido el 20 de octubre de 2010 en sintonía con todos los que se movilizaron. "Nuestro reclamo era el pase a planta permanente, los medios legales no dieron resultado y por eso la protesta que incluyó un acto en la Estación Constitución en el mes de septiembre en el que la patota nos vino a agredir”.
Por entonces, Cardias era un despedido del Roca, tercerizado de la empresa CONFER para el mantenimiento de vías. Cobraba $2.200 por un trabajo que, en planta permanente, pagaban $6.500. El 20 de octubre, cerca de las 9.30, ya al pasar por Escalada vio a Pablo Díaz reclutando gente, para verlo más tarde en Avellaneda hablando permanentemente por su Nextel. Cuando los tercerizados decidieron caminar y no cortar, vio en la comisaría de Avellaneda al hijo del subsecretario Antonio Luna junto al comisario y al jefe de calle y los increpó por la amenazante presencia de hombres uniformados y de civil: "¿Por qué hacen esto en vez de darnos trabajo?", les dijo, mientras Luna se escondía en la seccional.
Relató los incidentes en el Puente Bosch, dijo que llovían piedras y que ahí la infantería de la bonaerense disparó sobre ellos. Después vio a los dos patrulleros de la federal sobre Luján como en un vallado, justo cuando con todos sus compañeros se retiraban hacia Vélez Sarsfield, a unas cuatro cuadras de las vías. Tras la asamblea, dio un reportaje a C5N y, en ese momento, observó que la patota bajó de las vías. "La policía les abrió el paso, sacaron a los dos móviles de la posición de vallado en la que estaban y se nos vinieron encima con todo", afirmó.
Respondieron como pudieron a la agresión, hicieron un cordón ayudados por palos y algunas gomeras. Vio a los imputados González y Sánchez encabezando la corrida y, al primero de ellos, lo vio disparar desde la vereda. También vio a otro tirador en el medio de la calle. Vio a Mariano cruzar y caer. Escuchó varios disparos: "fue como una ráfaga", graficó. Después, vio cómo el grupo asesino volvió sobre sus pasos y "pasaron por la policía y ni los detuvieron ni nada".
Supo en el lugar de los otros heridos. Dijo que por temor y haber estado amenazado, hubo cosas que no se animó a decir en la instrucción. La defensa de Sánchez hizo un planteo confuso buscando el falso testimonio, pero que en verdad intenta restar mérito a la presencia de su pupilo usando el arma que, en otras oportunidades, otros testigos ya dijeron que le vieron esgrimir.
"Mandé un correo a mis superiores dónde informaba que iban a un corte de vías"
Carolina Carsetti era la Secretaria Administrativa de UGOFE en los Talleres de Escalada. Contó que el 20 de octubre de 2010 recibió a los delegados con un listado de gente que se retiraba a un corte de vías, “eran muchos” y manuscrito, cuando generalmente la información llega de sus superiores. Pero ese día, justo ese día, ellos no estaban.
"Entrevisté a Favale en septiembre u octubre de 2010 para su ingreso al ferrocarril"
Margarita Bertín es Licenciada en Relaciones Humanas de la UGOFE. Selecciona al personal mediante un mecanismo que incluye una entrevista y su derivación al área para el cual el candidato presenta un potencial adecuado. A Favale lo recibió a propuesta de la U.F.
Reconoció que el día 19 de octubre de 2010 mandó a Favale a una entrevista con Material Rodante, donde lo rechazaron, lo que no impedía su ingreso a otra sección. Y dijo también no recordaba pases de tercerizados a planta permanente antes de octubre de 2010.
"Al día siguiente, los delegados de la UF. hicieron asamblea en el comedor para calmar a la gente"
Juan Casarino es jefe de taller en Escalada. Recordó haber entrevistado a Favale el día anterior al crimen y que lo informó como no apto para el sector. Supo que sus empleados irían al corte, de boca de los delegados de la UF. “Nadie controlaba nada, los delegados de UF indicaban que debían irse y se iban”. En los talleres trabajaban cerca de 300 personas y ese día se fueron muchos. Recordó que por la tarde de ese mismo 20 de octubre los mismos delegados que volvieron de Avellaneda le indicaron que hubo problemas y un muerto. Al día siguiente la gente estaba alterada, fue cuando Aldo Amuchástegui y otro delegado "hicieron la asamblea para calmar a la gente".
"4 millones de fideigerenciamiento, más el 6% del subsidio de 66 millones, más las utilidades de la explotación por mes".
Cuando Oscar Alberto Cess, gerente de Contratos Privados de UGOFE dio los números de la ganancia neta de las empresas ferroviarias en el Roca, en la sala sobrevolaron las razones del crimen de Mariano.
Las completó con un dato revelador: “la tercerización era una política de la empresa que contó con el consentimiento de la Unión Ferroviaria, ya que el gremio nunca se opuso a este proceso, apenas hubo un par de actas que algo dicen al respecto". Era un testigo aportado por la ¿defensa? del Gallego Fernández, poco a poco revelado como el hombre de Pedraza en el Roca.
Y una perlita del negociado del capital a través del estado: para la concesión y los concursos de precios no responden a norma o convención alguna, es la empresa quien dice cómo va a operar, con eso alcanza.
"Nosotros le preguntábamos a Fernández si se podía pasar a planta permanente y éste INMEDIATAMENTE nos decía que NO".
No es la declaración de un tercerizado movilizado. Es la de Hugo Alberto Cisneros, tercerizado de Ecocred, traído al juicio por la defensa del gallego Fernández para darle una manito. Entró a la empresa por favor de Fernández en 2007 como maestranza y pertenecía a ese sindicato. Como el resto de los tercerizados, no estaba convencionado con la UF.
Por más esfuerzos que hizo la defensa que lo trajo, queriendo que diga que había otros intereses y métodos violentos en los movilizados, sólo dijo que "no coincidía con la metodología de los tercerizados movilizados por temor a la represión policial”, pero que "nunca recibí amenaza de esta gente que pensaba distinto pero planteaban lo mismo, es decir, mejoras salariales y laborales".
Reveló que Favale había trabajado en Ecocred, sin precisar si lo hizo del mismo modo que él. Reconoció que fue a un programa de TV armado por Fernández y que éste pudo haberle sugerido qué decir. Finalmente dijo lo que nunca hubiera querido escuchar la defensa que lo propuso como testigo: "Fernández nunca propuso alternativas para ingresar en planta permanente, lo que hubiera significado mejor convenio y estabilidad, cuando le preguntábamos por eso, inmediatamente nos respondía QUE NO SE PODÍA."
Con amigos así...
Con la prórroga por seis meses más de la prisión preventiva de los detenidos hace exactamente dos años, finalizó la jornada caracterizada por el duro revés sufrido en la estrategia defensista del Gallego Fernández, el hombre de Pedraza en el Roca.
Diego Cardias, ex tercerizado, es testigo protegido. Bajo algunas medidas de seguridad, declaró lo ocurrido el 20 de octubre de 2010 en sintonía con todos los que se movilizaron. "Nuestro reclamo era el pase a planta permanente, los medios legales no dieron resultado y por eso la protesta que incluyó un acto en la Estación Constitución en el mes de septiembre en el que la patota nos vino a agredir”.
Por entonces, Cardias era un despedido del Roca, tercerizado de la empresa CONFER para el mantenimiento de vías. Cobraba $2.200 por un trabajo que, en planta permanente, pagaban $6.500. El 20 de octubre, cerca de las 9.30, ya al pasar por Escalada vio a Pablo Díaz reclutando gente, para verlo más tarde en Avellaneda hablando permanentemente por su Nextel. Cuando los tercerizados decidieron caminar y no cortar, vio en la comisaría de Avellaneda al hijo del subsecretario Antonio Luna junto al comisario y al jefe de calle y los increpó por la amenazante presencia de hombres uniformados y de civil: "¿Por qué hacen esto en vez de darnos trabajo?", les dijo, mientras Luna se escondía en la seccional.
Relató los incidentes en el Puente Bosch, dijo que llovían piedras y que ahí la infantería de la bonaerense disparó sobre ellos. Después vio a los dos patrulleros de la federal sobre Luján como en un vallado, justo cuando con todos sus compañeros se retiraban hacia Vélez Sarsfield, a unas cuatro cuadras de las vías. Tras la asamblea, dio un reportaje a C5N y, en ese momento, observó que la patota bajó de las vías. "La policía les abrió el paso, sacaron a los dos móviles de la posición de vallado en la que estaban y se nos vinieron encima con todo", afirmó.
Respondieron como pudieron a la agresión, hicieron un cordón ayudados por palos y algunas gomeras. Vio a los imputados González y Sánchez encabezando la corrida y, al primero de ellos, lo vio disparar desde la vereda. También vio a otro tirador en el medio de la calle. Vio a Mariano cruzar y caer. Escuchó varios disparos: "fue como una ráfaga", graficó. Después, vio cómo el grupo asesino volvió sobre sus pasos y "pasaron por la policía y ni los detuvieron ni nada".
Supo en el lugar de los otros heridos. Dijo que por temor y haber estado amenazado, hubo cosas que no se animó a decir en la instrucción. La defensa de Sánchez hizo un planteo confuso buscando el falso testimonio, pero que en verdad intenta restar mérito a la presencia de su pupilo usando el arma que, en otras oportunidades, otros testigos ya dijeron que le vieron esgrimir.
"Mandé un correo a mis superiores dónde informaba que iban a un corte de vías"
Carolina Carsetti era la Secretaria Administrativa de UGOFE en los Talleres de Escalada. Contó que el 20 de octubre de 2010 recibió a los delegados con un listado de gente que se retiraba a un corte de vías, “eran muchos” y manuscrito, cuando generalmente la información llega de sus superiores. Pero ese día, justo ese día, ellos no estaban.
"Entrevisté a Favale en septiembre u octubre de 2010 para su ingreso al ferrocarril"
Margarita Bertín es Licenciada en Relaciones Humanas de la UGOFE. Selecciona al personal mediante un mecanismo que incluye una entrevista y su derivación al área para el cual el candidato presenta un potencial adecuado. A Favale lo recibió a propuesta de la U.F.
Reconoció que el día 19 de octubre de 2010 mandó a Favale a una entrevista con Material Rodante, donde lo rechazaron, lo que no impedía su ingreso a otra sección. Y dijo también no recordaba pases de tercerizados a planta permanente antes de octubre de 2010.
"Al día siguiente, los delegados de la UF. hicieron asamblea en el comedor para calmar a la gente"
Juan Casarino es jefe de taller en Escalada. Recordó haber entrevistado a Favale el día anterior al crimen y que lo informó como no apto para el sector. Supo que sus empleados irían al corte, de boca de los delegados de la UF. “Nadie controlaba nada, los delegados de UF indicaban que debían irse y se iban”. En los talleres trabajaban cerca de 300 personas y ese día se fueron muchos. Recordó que por la tarde de ese mismo 20 de octubre los mismos delegados que volvieron de Avellaneda le indicaron que hubo problemas y un muerto. Al día siguiente la gente estaba alterada, fue cuando Aldo Amuchástegui y otro delegado "hicieron la asamblea para calmar a la gente".
"4 millones de fideigerenciamiento, más el 6% del subsidio de 66 millones, más las utilidades de la explotación por mes".
Cuando Oscar Alberto Cess, gerente de Contratos Privados de UGOFE dio los números de la ganancia neta de las empresas ferroviarias en el Roca, en la sala sobrevolaron las razones del crimen de Mariano.
Las completó con un dato revelador: “la tercerización era una política de la empresa que contó con el consentimiento de la Unión Ferroviaria, ya que el gremio nunca se opuso a este proceso, apenas hubo un par de actas que algo dicen al respecto". Era un testigo aportado por la ¿defensa? del Gallego Fernández, poco a poco revelado como el hombre de Pedraza en el Roca.
Y una perlita del negociado del capital a través del estado: para la concesión y los concursos de precios no responden a norma o convención alguna, es la empresa quien dice cómo va a operar, con eso alcanza.
"Nosotros le preguntábamos a Fernández si se podía pasar a planta permanente y éste INMEDIATAMENTE nos decía que NO".
No es la declaración de un tercerizado movilizado. Es la de Hugo Alberto Cisneros, tercerizado de Ecocred, traído al juicio por la defensa del gallego Fernández para darle una manito. Entró a la empresa por favor de Fernández en 2007 como maestranza y pertenecía a ese sindicato. Como el resto de los tercerizados, no estaba convencionado con la UF.
Por más esfuerzos que hizo la defensa que lo trajo, queriendo que diga que había otros intereses y métodos violentos en los movilizados, sólo dijo que "no coincidía con la metodología de los tercerizados movilizados por temor a la represión policial”, pero que "nunca recibí amenaza de esta gente que pensaba distinto pero planteaban lo mismo, es decir, mejoras salariales y laborales".
Reveló que Favale había trabajado en Ecocred, sin precisar si lo hizo del mismo modo que él. Reconoció que fue a un programa de TV armado por Fernández y que éste pudo haberle sugerido qué decir. Finalmente dijo lo que nunca hubiera querido escuchar la defensa que lo propuso como testigo: "Fernández nunca propuso alternativas para ingresar en planta permanente, lo que hubiera significado mejor convenio y estabilidad, cuando le preguntábamos por eso, inmediatamente nos respondía QUE NO SE PODÍA."
Con amigos así...
Con la prórroga por seis meses más de la prisión preventiva de los detenidos hace exactamente dos años, finalizó la jornada caracterizada por el duro revés sufrido en la estrategia defensista del Gallego Fernández, el hombre de Pedraza en el Roca.
sábado, 20 de octubre de 2012
Día 29 - "Me cortás las vías y te cago a tiros" (18/10)
El Gran Bonete Policial
El Agte. de la Policía Federal Eduardo Daniel Heins, el día del crimen a cargo del destacamento Puente Bosch, no recordó todo, pero lo que dijo confirmó que la agresión la empezó la patota "Los que estaban arriba empezaron a tirar piedras" y que sus superiores ni él hicieron nada para evitarlo o para esclarecerlo: "Nunca se me hizo presente nadie, ni personal nuestro... y yo no di parte de nada porque había personal afectado" ¿Yo señor?
"Me cortás las vías y te cago a tiros"
Marcelo González es un ferroviario de los Talleres de Escalada, que el día del crimen integró la patota agresora. Fue convocado por los delegados para "hacer un acto de presencia en Avellaneda, como tantas veces que convocan y hay que ir porque además la empresa no se opone ni descuenta si hay venia del sindicato, aunque al final de ese mes , por primera vez, nos fue descontado".
En Avellaneda escuchó a Pablo Díaz (el imputado y delegado de mayor predicamento y hombre de confianza del Gallego Fernández) cuando amenazó a los movilizados subiendo la voz: "Me cortás y te cago a tiros" le dijo "a la gente del PO, que estaban tranquilos , con mujeres y chicos, en los alrededores de la estación". Al rato, ve a Vitali (funcionario de la empresa) junto a otro hombre alto de traje oscuro que le dice a Pablo Díaz: "Si tenés que hacer algo, hacelo ahora".
Contó su versión sobre los primeros piedrazos en el Puente Bosch y cómo la gente del PO se replegó bien lejos. Y que estando en las vías pasado un buen rato, cuando algunos compñaeros querían irse y dar por terminado el incidente, Pablo Díaz dio la órden de bajar en el Puente Bosch para correr a los movilizados que ya se encontraban a varias cuadras."Bajen cagones y a correrlos para que se vayan" contó que ordenaba el delegado. Momentos antes vio a Favale con unos chicos "eufóricos" bajando de la estación Yrigoyen . A Favale lo conocía del acto kirchnerista en Ríver de unos días atrás, era al que todos sus compañeros señalaban como "el custodio de Pablo Díaz". Y es al que ve disparar rodilla en piso, a pocos metros de él, sobre Mariano Ferreyra. Lo llamó "loco de mierda". Después escuchó a Pablo Díaz en el Puente Bosch, gritarle a Favale: "Te dije que traigas los fierros" y al barra brava responderle "¿No viste que le di en la panza?"
Contó también que el hermano de un compañero de trabajo llamado Tanquía, dijo que por sobre su hombro otro hombre también disparó sobre la gente, y que al día siguiente sus compañeros de trabajo estaban temerosos, muy preocupados, asustados.
Confirma que la policía vio todo sin impedir nada.
"Las cooperativas como UNION MERCOSUR son empresas fantasmas"
Norberto Juan Rosendo, es un ingeniero especializado en el tema ferroviario. Fue empleado, delegado gremial e ingeniero de obras ferroviarias de envergadura (Tren de la Costa, Trenes de Río Negro y Entre Ríos, entre otras actividades). Su organización actual lleva el lema "Salvemos al Tren" y desde allí brindó un pormenorizado relato de cómo es la actividad.
Mencionó fundamentalmente que las cooperativas como la de Pedraza y Cia. (Unión del Mercosur) son empresas fantasmas con las que se explota a los tercerizados, se abarata la mano de obra y la ganancia la embolsan los dueños (en este caso Pedraza y cia.) sin que a la hora de un reclamo laboral respondan porque no tienen respaldo ni solvencia. Su organización recibió varias denuncias. No supo de ninguna acción real y concreta de la UF para terminar con este modo de contratación."Siempre la UF estuvo en la vereda de enfrente de nuestros reclamos".
La soberbia del defensor del Gallego Fernández, esta vez complicó a Pedraza. Intentando desvirtuar al testigo le inquirió si conocía la Ley de Reforma del estado y el funcionamiento de cooperativas, a lo que el testigo le respondió con una vivnecia personal: contó que por esa ley , formando parte él de una cooperativa de servicios (no de tercerizados) tuvo que entrevistar a Pedraza para contar con la aprobación de la UF. No sólo Pedraza no se las dio, sino que terminó siendo él mismo quien administrara el área propuesta por la cooperativa. Y finalmente ilustró al mismo defensor: Los tercerizados no son asociados, "no conozco que hayan distribuído ganancia alguna". Esas cooperativas cambiaron de nombre y rotaron varias veces mientras los tercerizados quedaban desamparados. "Es cierto que no es delito
pero no es moral" enseñò.
"En la UF las decisiones las toma la Mesa Chica de Pedraza y Fernández entre otros"
Edgardo Reynoso, es guarda, delegado de su sector y de la Comisión de Reclamos del Sarmiento. Ferroviario de toda la vida ,guarda y cambista, (este último , típico oficio ferroviario ignorado por el profesor Freelan defensor de Fernández que lo interrumpió para pedirle que cuente sus trabajos "solamente en el ferrocarril"!)
Dijo Reynoso que el haber tolerado el proceso de despidos y desinversión de los años 90 provocó un cambio sustancial en la UF. Redujo de 200 a 24 las seccionales y de 35 a 16 el cuerpo directivo "quedando todas las decisiones en manos de Pedraza, Castellanos (apoderado de Unión Mercosur) Matarazzo, Suárez y calculo que por su rango, Fernández era hombre de consulta de ellos... era la mesa Chica, un órgano no estatutario, de hecho , que en la práctica toma todas las decisiones" Todo a costa de 85 mil despedidos, bajo el mandato histórico de Pedraza que desde años atrás ya era el titular.
¿Hubo relación entre estas políticas de tolerancia y el enriquecimiento personal de Pedraza? "se sabe por referencias que tuvo mansiones en Parque Leloir y Puerto Madero, costosísimas, millonarias propiedades... no se cuántos trabajadores pueden acceder a ese patrimonio" contestó con firmeza.
El Agte. de la Policía Federal Eduardo Daniel Heins, el día del crimen a cargo del destacamento Puente Bosch, no recordó todo, pero lo que dijo confirmó que la agresión la empezó la patota "Los que estaban arriba empezaron a tirar piedras" y que sus superiores ni él hicieron nada para evitarlo o para esclarecerlo: "Nunca se me hizo presente nadie, ni personal nuestro... y yo no di parte de nada porque había personal afectado" ¿Yo señor?
"Me cortás las vías y te cago a tiros"
Marcelo González es un ferroviario de los Talleres de Escalada, que el día del crimen integró la patota agresora. Fue convocado por los delegados para "hacer un acto de presencia en Avellaneda, como tantas veces que convocan y hay que ir porque además la empresa no se opone ni descuenta si hay venia del sindicato, aunque al final de ese mes , por primera vez, nos fue descontado".
En Avellaneda escuchó a Pablo Díaz (el imputado y delegado de mayor predicamento y hombre de confianza del Gallego Fernández) cuando amenazó a los movilizados subiendo la voz: "Me cortás y te cago a tiros" le dijo "a la gente del PO, que estaban tranquilos , con mujeres y chicos, en los alrededores de la estación". Al rato, ve a Vitali (funcionario de la empresa) junto a otro hombre alto de traje oscuro que le dice a Pablo Díaz: "Si tenés que hacer algo, hacelo ahora".
Contó su versión sobre los primeros piedrazos en el Puente Bosch y cómo la gente del PO se replegó bien lejos. Y que estando en las vías pasado un buen rato, cuando algunos compñaeros querían irse y dar por terminado el incidente, Pablo Díaz dio la órden de bajar en el Puente Bosch para correr a los movilizados que ya se encontraban a varias cuadras."Bajen cagones y a correrlos para que se vayan" contó que ordenaba el delegado. Momentos antes vio a Favale con unos chicos "eufóricos" bajando de la estación Yrigoyen . A Favale lo conocía del acto kirchnerista en Ríver de unos días atrás, era al que todos sus compañeros señalaban como "el custodio de Pablo Díaz". Y es al que ve disparar rodilla en piso, a pocos metros de él, sobre Mariano Ferreyra. Lo llamó "loco de mierda". Después escuchó a Pablo Díaz en el Puente Bosch, gritarle a Favale: "Te dije que traigas los fierros" y al barra brava responderle "¿No viste que le di en la panza?"
Contó también que el hermano de un compañero de trabajo llamado Tanquía, dijo que por sobre su hombro otro hombre también disparó sobre la gente, y que al día siguiente sus compañeros de trabajo estaban temerosos, muy preocupados, asustados.
Confirma que la policía vio todo sin impedir nada.
"Las cooperativas como UNION MERCOSUR son empresas fantasmas"
Norberto Juan Rosendo, es un ingeniero especializado en el tema ferroviario. Fue empleado, delegado gremial e ingeniero de obras ferroviarias de envergadura (Tren de la Costa, Trenes de Río Negro y Entre Ríos, entre otras actividades). Su organización actual lleva el lema "Salvemos al Tren" y desde allí brindó un pormenorizado relato de cómo es la actividad.
Mencionó fundamentalmente que las cooperativas como la de Pedraza y Cia. (Unión del Mercosur) son empresas fantasmas con las que se explota a los tercerizados, se abarata la mano de obra y la ganancia la embolsan los dueños (en este caso Pedraza y cia.) sin que a la hora de un reclamo laboral respondan porque no tienen respaldo ni solvencia. Su organización recibió varias denuncias. No supo de ninguna acción real y concreta de la UF para terminar con este modo de contratación."Siempre la UF estuvo en la vereda de enfrente de nuestros reclamos".
La soberbia del defensor del Gallego Fernández, esta vez complicó a Pedraza. Intentando desvirtuar al testigo le inquirió si conocía la Ley de Reforma del estado y el funcionamiento de cooperativas, a lo que el testigo le respondió con una vivnecia personal: contó que por esa ley , formando parte él de una cooperativa de servicios (no de tercerizados) tuvo que entrevistar a Pedraza para contar con la aprobación de la UF. No sólo Pedraza no se las dio, sino que terminó siendo él mismo quien administrara el área propuesta por la cooperativa. Y finalmente ilustró al mismo defensor: Los tercerizados no son asociados, "no conozco que hayan distribuído ganancia alguna". Esas cooperativas cambiaron de nombre y rotaron varias veces mientras los tercerizados quedaban desamparados. "Es cierto que no es delito
pero no es moral" enseñò.
"En la UF las decisiones las toma la Mesa Chica de Pedraza y Fernández entre otros"
Edgardo Reynoso, es guarda, delegado de su sector y de la Comisión de Reclamos del Sarmiento. Ferroviario de toda la vida ,guarda y cambista, (este último , típico oficio ferroviario ignorado por el profesor Freelan defensor de Fernández que lo interrumpió para pedirle que cuente sus trabajos "solamente en el ferrocarril"!)
Dijo Reynoso que el haber tolerado el proceso de despidos y desinversión de los años 90 provocó un cambio sustancial en la UF. Redujo de 200 a 24 las seccionales y de 35 a 16 el cuerpo directivo "quedando todas las decisiones en manos de Pedraza, Castellanos (apoderado de Unión Mercosur) Matarazzo, Suárez y calculo que por su rango, Fernández era hombre de consulta de ellos... era la mesa Chica, un órgano no estatutario, de hecho , que en la práctica toma todas las decisiones" Todo a costa de 85 mil despedidos, bajo el mandato histórico de Pedraza que desde años atrás ya era el titular.
¿Hubo relación entre estas políticas de tolerancia y el enriquecimiento personal de Pedraza? "se sabe por referencias que tuvo mansiones en Parque Leloir y Puerto Madero, costosísimas, millonarias propiedades... no se cuántos trabajadores pueden acceder a ese patrimonio" contestó con firmeza.
martes, 16 de octubre de 2012
Día 28 - Severo: “Pedraza es un empresario” (16/10)
“Pedraza es un empresario”
La jornada comenzó con mucha expectativa por la declaración de Enrique Alfonso Severo, ex afiliado de la Lista Verde de la UF y ex empleado jerárquico de Ferrobaires. El hombre cuyo secuestro, hace dos semanas, sacudió al país, comenzó relatando su historia en el ferrocarril, y haciendo eje en la forma violenta en que él y otros 30 empleados de Ferrobaires fueron expulsados, dijo, a punta de pistola en agosto de 2009.
Sobre el 20 de octubre de 2010, contó que se había enterado de la convocatoria a la movilización,y que supo que, el día anterior, hubo una reunión de la UF en el Museo Ferroviario Bonaerense de la calle Güemes al 600, en Avellaneda, lugar donde “siempre que se juntaban era para generar algo, si había que ir a una manifestación, a un acto político, ahí se armaban las bandas”.
Relató el ataque a balazos en su casa la madrugada del día 21, y el hallazgo, luego, de una esquela manuscrita en su buzón, que acusaba a Sánchez, Carnovale, Díaz y otros delegados por el armado del ataque, y señalaba “al de barba candado” como quien disparó contra Mariano, nota que entregó en la fiscalía y está incorporada por lectura. También refrendó el testimonio de Alejandro Benítez, uno de los “arrepentidos” de la patota, cuando recordó que éste le contó a un amigo en común que el 20 de octubre Carnovale lo llamó y le ordenó “Andate a Avellaneda que hay que echar a unos zurdos”.
Como otros testigos vinculados a la Unión Ferroviaria que pasaron por la sala de audiencias, mencionó a los “pesados” que se ocupan de las armas y los partes en el Roca: el apodado “Muqueño”, Saldaña, Hess y Carruega, a los que vinculó a Alberto Trezza, ex funcionario de Ferrocarriles Argentinos, gerente de Ferrobaires y hombre del duhaldismo.
Cerró su testimonio con una verdad de Perogrullo: “Pedraza se convirtió en empresario en los ’90, le entregaron el Belgrano Cargas, maneja la tercerización, dejó miles de ferroviarios en la calle, el gremio no defendió a los trabajadores”.
La amiga.
Susana Rita Planas es abogada laboralista, especializada, según sus dichos, en cooperativismo, y amiga de Graciela Coria de Pedraza desde su adolescencia. Hoy es apoderada del Belgrano Cargas y de la Cooperativa Unión del Mercosur, que ayudó a crear. Desde que se sentó a declarar la acometió una fuerte amnesia sobre el funcionamiento interno de la cooperativa, exhibiendo una inexactitud poco verosímil por su profesión y cargo. Explicable, lógicamente, por su esfuerzo para ayudar a sus amigos.
Así y todo, algo tuvo que decir. Admitió, por ejemplo, que en el consejo directivo de la Cooperativa Unión del Mercosur había varios hombres de la Unión Ferroviaria; que su creación fue “promovida, patrocinada y tutelada” por el sindicato dirigido por Pedraza; que el personal (“los asociados”) eran reclutados de la bolsa de trabajo del gremio y realizaban tareas netamente ferroviarias con un ingreso y beneficios menores que los trabajadores de planta.
También habló de Angel Stafforini, asesor de la cooperativa y tesorero del Belgrano Cargas, al que acompañó en el verano de 2011 a “arreglar una deuda” con el abogado Octavio Aráoz de Lamadrid, que acababa de renunciar a la defensa de Uño para dedicarse a coimear a los camaristas de Casación.
Todo el tiempo intentó pasar por una ingenua sin experiencia, que se sentía desubicada en una audiencia judicial y se olvidaba de hablar al micrófono, mientras trataba de pintar el cuadro de un Pedraza preocupado por los trabajadores, que, junto a su lugarteniente Fernández, “bregaba por el pase a planta de los tercerizados”.
Negó las comunicaciones que se verificaron de sus teléfonos a los de Fernández y Pedraza pocas semanas después del 20 de octubre, y puso la frutilla a la torta de su insustancial testimonio cuando, preguntada sobre el motivo por el que concurrió al tribunal cargada con documentación de la Cooperativa que nadie le había pedido, dijo que sabía, por haber estado presenciando el juicio en jornadas anteriores, que se estaba discutiendo la forma en que cobraban los trabajadores... ¿Una abogada experimentada que no sabe que un testigo no puede presenciar las audiencias antes de declarar? Tan increíble como Pedraza angustiado por la situación de los tercerizados...
¡Quemá esas fotos!
Patricia Alejandra Carabajal era, en 2010, delegada de la UF en el sector Evasión de la estación de Lomas de Zamora. Estuvo, el 20 de octubre por la mañana, en el congreso de la revista Latin Rieles en el anfiteatro del edificio de la Unión Ferroviaria, en la avenida Independencia. Su declaración dejó descolocada a Karina Benemérito, porque, de los pocos detalles que recordó (otra con amnesia galopante), varios se contradijeron con lo que dijo su jefa hace unos días.
No pudo ocultar que el 20 de octubre, desde el mediodía, habló varias veces con “Dani” (Daniel González), desde antes que éste llegara a Avellaneda y varias veces después de los hechos. Trató de negar las docenas de llamados recibidos o efectuados desde su celular a varios delegados de la UF después del ataque, y enmudeció confrontada, por ejemplo, con las 11 llamadas salientes y las 5 entrantes del imputado Alcorcel.
“No conozco a Favale”, dijo instantes antes de que en la gran pantalla de la sala se exhibiera una foto que la muestra riendo a carcajadas en un amigable círculo, con Pablo Díaz de un lado y “Harry” Favale del otro, ataviado con la pechera verde con el logo de la Unión Ferroviaria. Esa foto fue tomada en el acto en el estadio de River el 15 de octubre de 2010, es decir, cinco días antes del asesinato de Mariano.
A $50 el redoblante.
Lucas Matías Lezcano nunca había declarado en la causa. Su nombre surgió de un informe de la empresa proveedora de celulares, que brindó los datos del titular de una línea en la que se registraron casi 70 llamadas desde o hacia el teléfono de Favale el día del ataque, 36 entrantes y 32 salientes, además de detectarse que ambos aparatos estaban a pocos metros de distancia pasado el mediodía del 20 de octubre, en las inmediaciones del Puente Bosch. Desde ese celular, además, a las nueve de la noche salió un mensaje de texto que decía: “Mi amor, no sabés en el bondi que me metí. Estuve con los que mataron a ese muchacho”.
El chico –muy joven- primero trató de desligarse del teléfono, atribuyéndolo a su padre, pero de pronto, espontáneamente, contó que un conocido de Florencio Varela, donde vivió muchos años, le ofreció una changa el 20 de octubre de 2010: le prometió pagarle $50 si llevaba un bombo, redoblante o similar para una manifestación. Lezcano aceptó y llevó dos redoblantes y un repique, con lo que esperaba cobrar $150, a la cita en la avenida Monteverde, por donde un micro lo iba a pasar a buscar. Su amigo “Chavo” no estaba en el ómnibus, pero el chofer le ratificó el trato. “El colectivo estaba lleno, eran todos de Varela, y bajamos en la estación Yrigoyen. Me dijeron que no bajara los instrumentos, había que caminar por las vías, me dijeron que era un corte de vías. Llegamos donde estaban esperando los ferroviarios, que nos recibieron con aplausos. ‘Ahí vienen, vamos, vamos bajemos ahora’ gritaban cuando nos vieron, corte como que nos estaban esperando”. Dijo que entonces casi todos bajaron hacia la calle, y unos pocos se quedaron, como él, sobre el terraplén. Preguntó qué pasaba si venía la policía, que estaba a unos pocos metros, cerca del puente de hierro. “Los ferroviarios decían que no pasaba nada, que la policía no iba a intervenir. Y no intervino”.
El grupo que bajó, cargando piedras de las vías en las manos, volvió al rato, y los que habían llegado con él corrieron de regreso al micro. En el viaje de vuelta, estaban todos eufóricos, haciendo comentarios como “¡¿Viste cómo les dimos?!”.
Cuando se le mostró en la pantalla el video filmado por la policía, que registró el arribo del grupo liderado por Favale, no sólo reconoció a sus compañeros de viaje. Se identificó a sí mismo caminando por la vía, con una remera azul con una raya blanca y bermudas claras.
Terminó admitiendo que, después de enterarse por la televisión que había un muerto, le contó a su novia dónde había estado.
Nunca le pagaron los $150, pero, de estar desocupado, logró, por recomendación de un delegado de la UOCRA de Lomas de Zamora, entrar a trabajar... en la empresa Herso SA, que terceriza tareas de mantenimiento de las vías para el Roca.
La jornada comenzó con mucha expectativa por la declaración de Enrique Alfonso Severo, ex afiliado de la Lista Verde de la UF y ex empleado jerárquico de Ferrobaires. El hombre cuyo secuestro, hace dos semanas, sacudió al país, comenzó relatando su historia en el ferrocarril, y haciendo eje en la forma violenta en que él y otros 30 empleados de Ferrobaires fueron expulsados, dijo, a punta de pistola en agosto de 2009.
Sobre el 20 de octubre de 2010, contó que se había enterado de la convocatoria a la movilización,y que supo que, el día anterior, hubo una reunión de la UF en el Museo Ferroviario Bonaerense de la calle Güemes al 600, en Avellaneda, lugar donde “siempre que se juntaban era para generar algo, si había que ir a una manifestación, a un acto político, ahí se armaban las bandas”.
Relató el ataque a balazos en su casa la madrugada del día 21, y el hallazgo, luego, de una esquela manuscrita en su buzón, que acusaba a Sánchez, Carnovale, Díaz y otros delegados por el armado del ataque, y señalaba “al de barba candado” como quien disparó contra Mariano, nota que entregó en la fiscalía y está incorporada por lectura. También refrendó el testimonio de Alejandro Benítez, uno de los “arrepentidos” de la patota, cuando recordó que éste le contó a un amigo en común que el 20 de octubre Carnovale lo llamó y le ordenó “Andate a Avellaneda que hay que echar a unos zurdos”.
Como otros testigos vinculados a la Unión Ferroviaria que pasaron por la sala de audiencias, mencionó a los “pesados” que se ocupan de las armas y los partes en el Roca: el apodado “Muqueño”, Saldaña, Hess y Carruega, a los que vinculó a Alberto Trezza, ex funcionario de Ferrocarriles Argentinos, gerente de Ferrobaires y hombre del duhaldismo.
Cerró su testimonio con una verdad de Perogrullo: “Pedraza se convirtió en empresario en los ’90, le entregaron el Belgrano Cargas, maneja la tercerización, dejó miles de ferroviarios en la calle, el gremio no defendió a los trabajadores”.
La amiga.
Susana Rita Planas es abogada laboralista, especializada, según sus dichos, en cooperativismo, y amiga de Graciela Coria de Pedraza desde su adolescencia. Hoy es apoderada del Belgrano Cargas y de la Cooperativa Unión del Mercosur, que ayudó a crear. Desde que se sentó a declarar la acometió una fuerte amnesia sobre el funcionamiento interno de la cooperativa, exhibiendo una inexactitud poco verosímil por su profesión y cargo. Explicable, lógicamente, por su esfuerzo para ayudar a sus amigos.
Así y todo, algo tuvo que decir. Admitió, por ejemplo, que en el consejo directivo de la Cooperativa Unión del Mercosur había varios hombres de la Unión Ferroviaria; que su creación fue “promovida, patrocinada y tutelada” por el sindicato dirigido por Pedraza; que el personal (“los asociados”) eran reclutados de la bolsa de trabajo del gremio y realizaban tareas netamente ferroviarias con un ingreso y beneficios menores que los trabajadores de planta.
También habló de Angel Stafforini, asesor de la cooperativa y tesorero del Belgrano Cargas, al que acompañó en el verano de 2011 a “arreglar una deuda” con el abogado Octavio Aráoz de Lamadrid, que acababa de renunciar a la defensa de Uño para dedicarse a coimear a los camaristas de Casación.
Todo el tiempo intentó pasar por una ingenua sin experiencia, que se sentía desubicada en una audiencia judicial y se olvidaba de hablar al micrófono, mientras trataba de pintar el cuadro de un Pedraza preocupado por los trabajadores, que, junto a su lugarteniente Fernández, “bregaba por el pase a planta de los tercerizados”.
Negó las comunicaciones que se verificaron de sus teléfonos a los de Fernández y Pedraza pocas semanas después del 20 de octubre, y puso la frutilla a la torta de su insustancial testimonio cuando, preguntada sobre el motivo por el que concurrió al tribunal cargada con documentación de la Cooperativa que nadie le había pedido, dijo que sabía, por haber estado presenciando el juicio en jornadas anteriores, que se estaba discutiendo la forma en que cobraban los trabajadores... ¿Una abogada experimentada que no sabe que un testigo no puede presenciar las audiencias antes de declarar? Tan increíble como Pedraza angustiado por la situación de los tercerizados...
¡Quemá esas fotos!
Patricia Alejandra Carabajal era, en 2010, delegada de la UF en el sector Evasión de la estación de Lomas de Zamora. Estuvo, el 20 de octubre por la mañana, en el congreso de la revista Latin Rieles en el anfiteatro del edificio de la Unión Ferroviaria, en la avenida Independencia. Su declaración dejó descolocada a Karina Benemérito, porque, de los pocos detalles que recordó (otra con amnesia galopante), varios se contradijeron con lo que dijo su jefa hace unos días.
No pudo ocultar que el 20 de octubre, desde el mediodía, habló varias veces con “Dani” (Daniel González), desde antes que éste llegara a Avellaneda y varias veces después de los hechos. Trató de negar las docenas de llamados recibidos o efectuados desde su celular a varios delegados de la UF después del ataque, y enmudeció confrontada, por ejemplo, con las 11 llamadas salientes y las 5 entrantes del imputado Alcorcel.
“No conozco a Favale”, dijo instantes antes de que en la gran pantalla de la sala se exhibiera una foto que la muestra riendo a carcajadas en un amigable círculo, con Pablo Díaz de un lado y “Harry” Favale del otro, ataviado con la pechera verde con el logo de la Unión Ferroviaria. Esa foto fue tomada en el acto en el estadio de River el 15 de octubre de 2010, es decir, cinco días antes del asesinato de Mariano.
A $50 el redoblante.
Lucas Matías Lezcano nunca había declarado en la causa. Su nombre surgió de un informe de la empresa proveedora de celulares, que brindó los datos del titular de una línea en la que se registraron casi 70 llamadas desde o hacia el teléfono de Favale el día del ataque, 36 entrantes y 32 salientes, además de detectarse que ambos aparatos estaban a pocos metros de distancia pasado el mediodía del 20 de octubre, en las inmediaciones del Puente Bosch. Desde ese celular, además, a las nueve de la noche salió un mensaje de texto que decía: “Mi amor, no sabés en el bondi que me metí. Estuve con los que mataron a ese muchacho”.
El chico –muy joven- primero trató de desligarse del teléfono, atribuyéndolo a su padre, pero de pronto, espontáneamente, contó que un conocido de Florencio Varela, donde vivió muchos años, le ofreció una changa el 20 de octubre de 2010: le prometió pagarle $50 si llevaba un bombo, redoblante o similar para una manifestación. Lezcano aceptó y llevó dos redoblantes y un repique, con lo que esperaba cobrar $150, a la cita en la avenida Monteverde, por donde un micro lo iba a pasar a buscar. Su amigo “Chavo” no estaba en el ómnibus, pero el chofer le ratificó el trato. “El colectivo estaba lleno, eran todos de Varela, y bajamos en la estación Yrigoyen. Me dijeron que no bajara los instrumentos, había que caminar por las vías, me dijeron que era un corte de vías. Llegamos donde estaban esperando los ferroviarios, que nos recibieron con aplausos. ‘Ahí vienen, vamos, vamos bajemos ahora’ gritaban cuando nos vieron, corte como que nos estaban esperando”. Dijo que entonces casi todos bajaron hacia la calle, y unos pocos se quedaron, como él, sobre el terraplén. Preguntó qué pasaba si venía la policía, que estaba a unos pocos metros, cerca del puente de hierro. “Los ferroviarios decían que no pasaba nada, que la policía no iba a intervenir. Y no intervino”.
El grupo que bajó, cargando piedras de las vías en las manos, volvió al rato, y los que habían llegado con él corrieron de regreso al micro. En el viaje de vuelta, estaban todos eufóricos, haciendo comentarios como “¡¿Viste cómo les dimos?!”.
Cuando se le mostró en la pantalla el video filmado por la policía, que registró el arribo del grupo liderado por Favale, no sólo reconoció a sus compañeros de viaje. Se identificó a sí mismo caminando por la vía, con una remera azul con una raya blanca y bermudas claras.
Terminó admitiendo que, después de enterarse por la televisión que había un muerto, le contó a su novia dónde había estado.
Nunca le pagaron los $150, pero, de estar desocupado, logró, por recomendación de un delegado de la UOCRA de Lomas de Zamora, entrar a trabajar... en la empresa Herso SA, que terceriza tareas de mantenimiento de las vías para el Roca.
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